Cuando entramos a una cocina, es común ver un racimo de ajos colgados. Y aunque muchos creen que se trata de un detalle estético, lo cierto es que hacer esto tiene razones prácticas y simbólicas.
A pesar de que algunos suelen usarlo como repelente natural o para llenar de aroma el lugar, colgar ajos en la cocina sirve, principalmente, para conservarlos frescos por más tiempo.
Cuando se mantiene en un lugar seco, aireado y lejos de la humedad, dura mucho más y no se pudre. Colgarlos en trenzas o racimos permite que el aire circule entre los bulbos y evita que se echen a perder.

Además, tenerlos a mano facilita su uso diario. El ajo es un ingrediente fundamental en la cocina argentina, que puede aparecer tanto desde un simple refrito hasta un guiso, siempre suma sabor y aroma.
Más allá de lo práctico, el ajo colgado tiene un costado simbólico. En la cultura popular, se le atribuyen propiedades protectoras. Muchos creen que ahuyenta las malas energías y hasta las enfermedades. Por eso, no falta quien cuelgue un racimo cerca de la puerta de entrada o en la ventana.
Fuente: TN







