Pornografía infantil: un flagelo global

El conmocionante caso del pediatra Ricardo Russo, que trabajaba en el hospital de niños Garraham y que ahora se encuentra detenido acusado de integrar una red internacional de pedofilia que producía y distribuía videos y fotos de menores por Internet, ha vuelto a despertar la preocupación respecto a la comisión de estos delitos en nuestro país.
Tras la detención de Russo, ayer se aprehendió en Córdoba a un joven de 23 años que, según estiman los investigadores, integraría la misma red que el médico. Pero, además, las autoridades de seguridad nacional ordenaron más de 40 allanamientos en las provincias de Buenos Aires, Santa Fe, Chaco, Entre Ríos, Santiago del Estero, Catamarca, La Rioja, La Pampa, Río Negro y Mendoza.
Coincidentemente en el tiempo, un empleado municipal de Malargüe quedó detenido el miércoles pasado por tener en su computadora laboral material de pornografía infantil.
Los especialistas estiman que los casos son mucho más habituales de lo que el común de la población cree. Es difícil determinar cuál es la motivación real para la producción de pornografía infantil. En materia de perfilación criminal, en general son personas que tienen una patología que les impide relacionarse sexualmente con personas de su misma edad y ejercen poder sobre víctimas vulnerables incapaces de defenderse.
Son esos mismos estudiosos del flagelo quienes recomiendan a los adultos responsables de los menores acompañarlos en sus incursiones por el mundo digital, informarse acerca de los dispositivos tecnológicos que manejan los chicos, recorrer los sitios que frecuentan, observar los contenidos que comparten en sus redes sociales, con quién interactúan y cómo lo hacen, y –sobre todo– charlar con ellos y brindarles contención.
La abominable conducta, a la vista está, es tan extendida como la misma Internet. Cuidar a nuestros chicos es la impostergable tarea a la que los adultos debemos darnos en pos de evitar futuros daños irreversibles.