Portezuelo del Viento: la decisión
presidencial y el futuro de Mendoza
La reciente decisión del presidente Alberto Fernández de ordenar la realización de un nuevo estudio de impacto ambiental para la presa Portezuelo del Viento no cayó nada bien en nuestra provincia. Así, la mayoría de las opiniones –incluso de dirigentes políticos afines al Gobierno nacional, como la de la legisladora nacional Anabel Fernández Sagasti– apuntan a que, de esa forma, el proyecto hidroeléctrico sufrirá una demora prácticamente fatal y su concreción se observa como cada vez más lejana.
A la hora de evaluar la medida de Fernández, algunas voces creen ver en ella un mensaje político en contra de una provincia gobernada por un signo partidario contrario al del Presidente, mientras que otras suponen que –con su decisión– el mandatario nacional busca apoyo político en cuatro provincias (las restantes integrantes del COIRCO, el comité del río Colorado) por ante el de una que en los últimos años le es muy desfavorable en las elecciones, como Mendoza.
La otra cara de la moneda son las provincias críticas de la obra, quienes afirman –con La Pampa como estandarte de lucha– que la presa seguirá perjudicando sus intereses, tal como ha sucedido, según estiman, con las aguas del río Atuel, en un conflicto que ya tiene más de cien años.
Planteada la situación, pareciera que, más allá de las broncas y los motivos de la decisión presidencial, los mendocinos –con nuestros dirigentes a la cabeza– deberemos pensar en cómo aprovechar los fondos que iban a dedicarse a Portezuelo del Viento y que, también es justo decirlo, el Estado nacional viene cumpliendo con su entrega en tiempo y forma.
Las vías de reclamo con que cuenta Mendoza pueden ser variadas y quizás hasta eventualmente encuentren una respuesta positiva pero, en paralelo, deberán manejarse alternativas puesto que, como se observa en la práctica, el tiempo transcurre y Portezuelo del Viento es hoy –como pocas veces antes– un proyecto con pocas probabilidades de ser realidad.