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Preocupación en el sector vitivinícola por la fuerte caída del consumo de vino

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El consumo de vino en Argentina sigue en retroceso. Según un informe reciente del Centro de Economía Política Argentina (CEPA), durante agosto de 2025 el volumen total despachado al mercado interno cayó un 17,1% interanual, mientras que el consumo per cápita se redujo un 18,3% respecto del mismo mes del año anterior.
La caída del consumo del vino es una situación que, de acuerdo con los especialistas, ya trasciende la coyuntura económica y empieza a consolidarse como una tendencia estructural en la industria.
Sergio Villanueva, gerente de la Unión Vitivinícola Argentina (UVA), analizó la situación y explicó que “la caída en el consumo no es un fenómeno exclusivo del vino, sino que afecta a todas las bebidas, aunque las alcohólicas caen más que las no alcohólicas”. En diálogo con Diario San Rafael y FM Vos 94.5, el dirigente sostuvo que el fenómeno debe analizarse “no solo desde lo económico, sino también desde lo cultural y social, porque hay cambios de hábitos y generacionales que están modificando la forma en que se consume”.
Villanueva anticipó que el 8 de noviembre la entidad organizará un encuentro con especialistas, entre ellos la presidenta de la Organización Internacional de la Viña y el Vino (OIV), para analizar el comportamiento del consumo de bebidas. “Estamos trabajando con estudios de mercado que diferencian entre alcohólicas y no alcohólicas, y se observa que las segundas, aunque también caen, mantienen una proporción mayor dentro del total del consumo”, indicó.
El dirigente agregó que “lo que preocupa no es tanto el acumulado del año, sino la tendencia reciente, porque en los últimos meses la caída se ha acelerado”. Explicó además que “la situación económica ha llevado a muchos consumidores a optar por segundas, terceras o incluso cuartas marcas, y cuando eso ya no alcanza, directamente dejan de consumir el producto”.
Respecto de cómo se adapta la industria a esta nueva realidad, Villanueva señaló que “la industria se está adaptando más lento de lo que cambian los hábitos de los consumidores; es como ir perdiendo un segundo por vuelta, como en la Fórmula 1”. En ese sentido, admitió que “la vitivinicultura construyó durante años una idea de purismo, de vino premium, que hoy no se condice con la realidad del mercado”. Y ejemplificó con el caso de Portugal, “donde crece el consumo de vino verde, un vino blanco, con burbujas, medio dulce y barato, que se toma en la playa”.
Para el gerente de la UVA, el sector debe repensarse y ofrecer productos más accesibles sin resignar calidad. “Hay dos caminos: calidad y precio. Si no se cumplen esas condiciones, no hay salida posible. Debemos dejar de decir que todo se ‘premiuniza’, porque en esa limusina entran pocos”, afirmó. A su juicio, el consumo de vinos de alta gama “representa un porcentaje muy chico del total, y mientras tanto se generó una imagen de que para tomar un buen vino hay que pagar mucha plata, algo que la propia industria ayudó a instalar”.
En cuanto al contexto actual, Villanueva subrayó que “la disponibilidad hídrica es mucho menor que la del año pasado, lo que puede influir en la producción”, y valoró que “la exportación de excedentes puede ser una herramienta útil para equilibrar precios y aliviar al productor”. No obstante, advirtió que “eso no resuelve los problemas estructurales”, que pasan por “la necesidad de generar nuevos productos, comunicar mejor y adaptarse al consumidor actual”.
Entre los ejemplos de innovación, mencionó “una empresa riojana que produce un espumante desalcoholizado en Bélgica” y la aparición de tintos con menor graduación alcohólica. “El consumidor muchas veces no sabe que un vino puede tener 10 o 13 grados de alcohol, y ese tipo de información debería comunicarse con claridad”, apuntó. También destacó que “la industria mundial está avanzando en productos fríos, dulces o mezclados, y la vitivinicultura argentina deberá animarse a transitar esos caminos si quiere sobrevivir”.
Villanueva reconoció además que la estructura empresarial del sector ha cambiado. “Ha cambiado la demografía empresaria. Antes eran familias mendocinas ligadas históricamente a la actividad; ahora hay grupos de Buenos Aires o empresas alimenticias para las que el vino es apenas una parte de su negocio”, explicó. Y añadió: “Eso genera un enfoque más financiero y menos comprometido con el productor, que es quien realmente tiene jugada su subsistencia”.
En ese marco, defendió el rol del Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV) como organismo de control. “Tiene que modernizarse, claro, pero no se puede perder la trazabilidad del productor al consumidor. Argentina siempre fue ejemplo en eso, y si lo descuidamos, vamos a tener problemas”, advirtió. También pidió “no eliminar estadísticas ni mecanismos que permitan conocer los precios reales de la uva o las condiciones del mercado”, ya que “la información es clave para el desarrollo del sector”.
Finalmente, Villanueva adelantó que en el encuentro del 8 de noviembre, además de la presidenta de la OIV, participarán el politólogo Andrés Malamud y el economista Guillermo Oliveto, quienes abordarán el panorama global, el consumo y el humor social. “Son discusiones que el sector necesita dar con profundidad, porque estamos ante un cambio estructural, no coyuntural. La clave será adaptarse sin perder identidad”, concluyó.

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