Preocupante caída de la cosecha de uva: el problema en el sur ya no es solo el clima

La caída de casi el 40% en la cosecha de uva en San Rafael no puede leerse únicamente como un mal año agrícola. Lo ocurrido durante la vendimia 2026 expone un problema mucho más profundo: la creciente fragilidad de la vitivinicultura del sur mendocino frente al clima, la crisis económica y el deterioro estructural de los pequeños productores.

Los números son contundentes. San Rafael encabezó la caída productiva en Mendoza y General Alvear quedó inmediatamente detrás. El dato no es casual. Ambos departamentos vienen atravesando temporadas marcadas por heladas tardías, tormentas de granizo y una fuerte presión hídrica que afecta el rendimiento de las fincas. Pero reducir todo a un fenómeno climático sería una mirada incompleta.

El clima golpea, sí. Las heladas de primavera dañaron brotes en momentos determinantes del ciclo de la vid y el granizo volvió a castigar zonas productivas enteras. Sin embargo, la verdadera gravedad aparece cuando esos eventos encuentran a un sector debilitado económicamente, con productores cada vez más endeudados y menor capacidad de inversión.

Muchos viñateros ya no pueden afrontar costos de malla antigranizo, sistemas de riego eficientes o recuperación de plantas afectadas. A eso se suma el aumento de combustibles, energía, mano de obra e insumos dolarizados, en un contexto donde el precio de la uva muchas veces no alcanza para sostener la rentabilidad. Y allí aparece el problema de fondo: el sur mendocino está perdiendo capacidad de resistencia.

Cuando una economía regional depende fuertemente de la vitivinicultura, una mala cosecha no impacta solamente en las bodegas. También golpea al cosechador, al transportista, al contratista rural, al comercio y al movimiento económico general de ciudades como San Rafael y General Alvear. La vendimia deja de ser únicamente una estadística agrícola para transformarse en un problema social y económico.

La discusión entonces debería dejar de centrarse exclusivamente en cuánto cayó la producción y empezar a enfocarse en cómo evitar que esta situación se vuelva permanente.

La salida no parece estar en una única medida milagrosa, sino en una combinación de políticas públicas y decisiones privadas. El sector necesita financiamiento accesible para modernizar sistemas de riego y defensa agrícola, alivio fiscal para pequeños productores, incentivos para sostener viñedos activos y una estrategia provincial más agresiva frente a contingencias climáticas que ya dejaron de ser excepcionales.

También será clave discutir el modelo productivo del sur mendocino. Porque mientras otras regiones vitivinícolas lograron reconvertirse, incorporar tecnología y posicionarse mejor comercialmente, gran parte de los productores del sur siguen trabajando con márgenes mínimos y escasa capacidad de adaptación.

La vendimia 2026 dejó una advertencia difícil de ignorar: el problema ya no es solamente el clima. El problema es que cada vez hay menos espalda para soportarlo.