Primera infancia en riesgo: solo 4 de cada 10 niños de contextos vulnerables asisten al jardín a los 3 años

Un informe de la organización Argentinos por la Educación encendió las alarmas sobre las profundas brechas socioeconómicas y geográficas que persisten en el sistema educativo nacional. Si bien el país consolidó avances en la cobertura general a partir de la obligatoriedad de las salas de 4 y 5 años, la escolarización temprana a los 3 años expone una severa desigualdad. Gastón Zingoni, director de comunicación y vocero de la entidad, analizó los factores multicausales que alejan a los niños de los sectores más desprotegidos de las aulas, comparó la realidad local con el resto de la región y reclamó un entramado de políticas públicas focalizadas para romper los círculos de exclusión heredada.

El relevamiento estadístico elaborado por la organización civil ofrece una mirada integral que excede los límites fronterizos de la Argentina, permitiendo contrastar los niveles de inserción escolar con las experiencias de gestión de países vecinos. «El informe de Argentinos por la Educación es muy interesante porque no solo analiza la situación a nivel nacional, sino que hace una comparativa directa con la realidad de Chile, México, Perú y Uruguay, evaluando la tasa de asistencia en el nivel inicial y las brechas socioeconómicas que continúan existiendo sobre toda la cobertura argentina», explicó Zingoni en FM Vos 94.5. «El dato positivo es que el país ha presentado avances sostenidos en los últimos diez años. Actualmente estamos en un promedio del 83% de cobertura general a nivel inicial, una cifra similar a la que registran Perú y Chile. Sin embargo, nos ubicamos diez puntos porcentuales por debajo de Uruguay, que es quien mejor se posiciona en este podio regional con una cobertura del 93%», detalló.

La brecha de los 3 años: el punto crítico del sistema

El verdadero desafío para las políticas de infancia en el país se concentra en la ventana temporal previa a la escolarización obligatoria dictada por el marco normativo actual. «Donde vemos que se presenta el mayor desafío es, sobre todo, a la edad de 3 años. A partir de los 4 años, la escolaridad es obligatoria en la Argentina, por lo tanto, allí se genera un salto de inclusión muy importante, y ya a los 5 años la asistencia es prácticamente universal en todo el territorio», destacó el entrevistado. «Las salas de 2 y 3 años son las que exponen la mayor disparidad, especialmente al cruzar los datos con la situación económica de las comunidades. Mientras que en los sectores socioeconómicos medios y altos la asistencia a los 3 años asciende al 63%, en los sectores más bajos y vulnerables ese número se desploma al 41%. Lo llamativo y preocupante de este dato es que el porcentaje de inclusión que tiene la Argentina en sala de 3 es el más bajo de todos los países analizados en la región, quedando entre 8 y 10 puntos por debajo de nuestros vecinos», analizó.

Gastón Zingoni, director de comunicación y vocero de la entidad, analizó los factores multicausales que alejan a los niños de los sectores más desprotegidos de las aulas

El sesgo geográfico y la realidad del Norte del país

El análisis de la escolarización temprana en la Argentina no puede desprenderse de una mirada estrictamente federal. Las estadísticas reflejan que el código postal de un niño sigue determinando, en gran medida, sus posibilidades de ingresar al sistema educativo formal antes de la edad obligatoria, trazando una frontera invisible pero sumamente real entre las posibilidades de desarrollo según la región del país en la que se nazca. La infraestructura escolar y el contexto social trazan una línea divisoria muy clara entre las provincias centrales y las jurisdicciones del norte del país, donde las dificultades materiales se potencian notablemente. Esta realidad expone, en primera instancia, la asimetría territorial. «Mientras que las provincias de la región central muestran niveles de cobertura en salas de 3 años notoriamente más altos, acompañados por redes institucionales más consolidadas y mayor presupuesto, el norte experimenta un rezago histórico en la creación de salas y en el financiamiento de cargos docentes para el nivel inicial», comentó Zingoni al respecto.

A esta escasez de oferta se le suman las severas barreras en el norte que condicionan el día a día de las familias rurales y periféricas. En estas jurisdicciones, los hogares enfrentan obstáculos logísticos complejos que van desde las grandes distancias geográficas entre las viviendas y los establecimientos educativos, hasta una deficiencia crítica en el transporte público y la falta de caminos consolidados para garantizar la presencialidad en los días de contingencias climáticas. Además, el factor determinante para la exclusión se consolida en lo que los especialistas denominan el combo de la vulnerabilidad.

Las dificultades materiales del entorno escolar se fusionan con la realidad socioeconómica intrafamiliar. «La problemática responde a un combo estructural que se repite en los hogares, como la falta de redes de cuidado formal, el trabajo precarizado y la falta de acceso regular a los servicios básicos», precisó el vocero de Argentinos por la Educación. En un contexto donde los padres carecen de empleos estables y las viviendas no cubren las necesidades básicas, la escolarización a los 3 años pasa a un segundo plano frente a las urgencias de la subsistencia, perpetuando una desigualdad de origen que el Estado aún no logra neutralizar.

El valor científico y social de la estimulación temprana

Frente a las posturas históricas que reducían el jardín de infantes a un espacio de guardería o entretenimiento, las neurociencias y la pedagogía moderna demuestran el peso que tiene la educación inicial en las trayectorias de vida. «Históricamente, hace algunas décadas, los jardines comenzaban de manera generalizada a los 5 años. Pero el paradigma cambió porque hoy sabemos que entre el nacimiento y los 5 años se transita la etapa del ciclo de vida más clave para el desarrollo cognitivo, emocional y social de una persona», subrayó Zingoni. «Existe abundante evidencia científica que señala que la experiencia educativa temprana es imprescindible para que los niños, al ingresar a primero, segundo o tercer grado de la primaria, puedan desplegar todas sus habilidades blandas y cognitivas de manera correcta. Propicia una base sólida para que luego el recorrido educativo muestre todo su esplendor. A nivel político y socioeconómico, la escolarización temprana es uno de los instrumentos más potentes con los que contamos para romper los ciclos de exclusión y desigualdad estructural», remarcó.

Un abordaje multicausal para el tejido social

Para revertir los bajos índices de asistencia en las barriadas periféricas, las organizaciones que trabajan en territorio señalan la necesidad de combinar la inversión en aulas con asistencia social directa a las dinámicas familiares. «El problema es multicausal. Por un lado, persiste cierto desconocimiento social acerca de cuál es la verdadera importancia de la escolarización temprana. Ese es un trabajo de concientización que desde Aldeas Infantiles y otras organizaciones ponemos todo el tiempo sobre la mesa para que las familias comprendan el valor de escolarizar a los chicos a los 3 años», comentó el experto. «Por el otro, se necesitan políticas públicas focalizadas. No se trata de aplicar la misma receta por igual en todo el territorio nacional, sino de identificar a las comunidades que más barreras encuentran y asistirlas.

Hay muchas madres solteras con dos o tres hijos a las que, por sus jornadas laborales precarias, se les complica horriblemente llevar a un chico, retirar al otro y cumplir con sus obligaciones. Uruguay y Chile lograron universalizar estos segmentos gracias a políticas de Estado dirigidas a la primera infancia; la Argentina debe seguir ese mismo camino cooperativo», agregó Gastón Zingoni al cierre del reportaje.