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Pro Montaña: quiénes son y cómo trabaja la fundación mendocina que lucha contra el vandalismo y los graffitis en los cerros

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La semana pasada se viralizó por redes sociales la indignación de los usuarios luego de que en Potrerillos un joven filmó a un grupo de turistas bonaerenses que había hecho grafitis en las rocas del Dique. A partir de este acto vandálico, la familia enfrenta multas millonarias por parte del gobierno de Mendoza, mientras que una organización especializada se encargó de borrar las inscripciones “Stela, Grachu, Gui, Mari y Moni” que dejaron sobre las piedras.
En un video compartido por la Fundación Pro Montaña, se vio a un trabajador vestido de mameluco naranja removiendo la pintura verde de la roca de la montaña con una hidrolavadora.
Aunque muchas veces pasa desapercibida, la tarea que realiza la Fundación Pro Montaña es clave para preservar el patrimonio natural de Mendoza. Esta organización, nacida del compromiso personal de su fundador Claudio Mellimaci, lleva adelante un trabajo silencioso y constante para limpiar grafitis, remover basura y restaurar paisajes vandalizados en zonas de montaña y pedemonte. Mellimaci detalló a Diario San Rafael y FM Vos 94.5 que todo comenzó como un esfuerzo individual y terminó convirtiéndose en un proyecto colectivo que hoy requiere del acompañamiento de la comunidad y del Estado para sostenerse.


“Esto hace más de tres años. Yo vengo limpiando de toda mi vida. Tengo 53 años y toda mi vida hice deportes que tienen que ver con el pedemonte, con la montaña, con la alta montaña”, recordó Mellimaci. Sin embargo, explicó que fue recién hace tres años y medio que decidió formalizar esa inquietud personal: “Decidí que había que tomar las riendas. Y en algún momento me sentí un genio loco porque decís ‘¿y a quién le importa esto?’. Estoy gastando la plata de mi familia en hacer algo que no sé si a alguien le importa”.


La tarea que realizan es minuciosa, demandante y muchas veces peligrosa. El fundador de la fundación relató que se organizan en pequeñas brigadas de no más de siete personas para trabajar en zonas agrestes y a la vera de las rutas: “Mientras yo limpio con dos colaboradores, mientras yo areno y saco la pintura, los otros van levantando la basura, dos controlan el tránsito, todos uniformados, bien demarcados, de naranja”.
Las técnicas que emplean son diversas y requieren de equipos específicos y costosos. El método más eficaz, según explicó, es el hidroarenado industrial, que combina agua a alta presión con arena especial. “Es un arenador industrial de muy buen caudal… que inyecta además con un sistema arena. Una arena que en Mendoza sale muy cara porque se trae de Paraná, vale 100 mil pesos la tonelada”, detalló. Además, esa arena debe pasar por varios procesos antes de ser utilizada: “Hay que secarla, hay que cernirla, hay que mimarla mucho antes de usarla”.
Otra alternativa es el arenado con aire, que tiene un rendimiento menor y deja residuos peligrosos para los operadores. También utilizan un gel químico que permite remover pintadas en lugares de difícil acceso. Mellimaci recordó una ocasión en la que subió con una mochila con 20 litros de agua a limpiar una frase escrita en una piedra a 400 metros de altura. “Me siento un X-Men, soy lo mejor del mundo que hizo mi mamá, una tontera, pero el regocijo es seguro. Eso me llena más que si tuviera los bolsillos llenos de plata”, expresó con emoción.
Sin embargo, detrás de esta vocación hay una realidad económica complicada. “Ojalá con esto empiece a haber movimiento. Algunos y los comprometidos colaboran todos de a poquito, lo que se puede, son toda gente laburante”, dijo. Y agregó: “Recibimos hace dos años un subsidio, pero con la inflación nos mató. Te dan un subsidio seis u ocho meses después de que ya no te sirve para nada”.
La fundación cuenta con respaldo contable y puede emitir certificados para que empresas que colaboren puedan desgravar parte del impuesto a las ganancias. “Somos una fundación prolija que tiene todos sus libros al día, que la lleva un estudio contable que se dedica exclusivamente a las fundaciones”, subrayó. “Un 5% del impuesto a la ganancia que paga cualquiera, empresario particular, se puede presentar estos certificados”.
Entre los desafíos logísticos mencionó la necesidad urgente de un galpón para guardar y procesar la arena, ya que actualmente sólo cuenta con un garage. También remarcó que el mantenimiento de los equipos y vehículos representa un gasto constante. “La máquina cada 300 horas necesita un mantenimiento que no es barato, los picos de la máquina se degradan rápidamente… no le puedo meter esos semejantes hachazos al negocio de sacarle 3 o 4 millones de pesos para jugar a ser un X-Men”, lamentó.
Consultado sobre el impacto emocional que le genera ver vandalismo en las montañas, Mellimaci confesó: “Lamentablemente, y está mal lo que digo, ya lo he naturalizado. Siempre hay alguno que dice “Pipo 2025”, pero son aislados. Lo que sí me indigna y les pido por favor, si van a la montaña, no tiren nada. Llevate todo, una botella de gaseosa llena vuelve vacía ocupando el mismo volumen y con menos peso”.
Además, propuso una medida concreta para combatir este tipo de vandalismo: “Hagamos un registro único de venta de aerosoles. Toda ferretería, toda pinturería, todo lugar donde se expenda un aerosol tiene que tener un registro de la persona que la compró con su número de DNI”.
En este contexto, Mellimaci considera que la tecnología puede ser aliada para denunciar este tipo de hechos: “Hoy día tenemos un arma irrefutable que es el celular. Vos le sacás una foto, le hacés un video, y andan en un auto, en una moto, tomás el dominio”.
Finalmente, destacó la importancia de la prevención y la cultura ambiental: “Mientras nosotros vamos remediando, también vamos haciendo cultura, cultura prevención. Hay una figura que me encanta que se llama preventora ambiental. Estás comprometido a denunciar como lo hizo este chico el otro día”.
La tarea que realiza la Fundación Pro Montaña, aunque silenciosa, representa una forma concreta de compromiso con el entorno. Mellimaci cerró la charla con una frase que resume su visión: “Estoy convencido que es el punto de inflexión. De ahora en más, seguro van a seguir habiendo vándalos de todo tipo, pero van a estar mirando por atrás del hombro”.

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