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Productores de tomate en crisis: advierten falta de planificación, sobrestock y altos costos

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La producción de tomate enfrenta una temporada crítica en varias regiones de Mendoza, particularmente en el Valle de Uco, donde algunos productores se vieron obligados a regalar o abandonar la cosecha. Carlos Dávila, productor del sector e integrante de la comunidad de Tomate 2000, detalló a Diario San Rafael y FM Vos 94.5 las causas que llevaron a este escenario, que combina factores macroeconómicos, falta de planificación y una notoria ausencia de articulación entre los sectores públicos y privados.
“El tomate, al igual que muchas actividades agrícolas, está atravesando una coyuntura complicada producto del contexto macroeconómico y de un poder adquisitivo muy debilitado por parte del consumidor”, explicó Dávila. Según remarcó, esta situación no es exclusiva del tomate: “También ha sido afectada la industria del durazno en lata y la vitivinicultura”.
Uno de los aspectos que más preocupa es la improvisación con la que se encara la actividad por parte de algunos productores, que se lanzan a cultivar sin un canal asegurado de comercialización. “Hay productores que, por falta de planificación y por no tomar decisiones sobre datos concretos, desarrollan cultivos sin tener vendida su producción. Ese es el gran problema que se ve puntualmente en el sector tomate”, subrayó.
En cuanto al rol de las conserveras y la industria transformadora, Dávila explicó que el menor consumo impactó en un sobrestock que las llevó a reducir sus compras. Pero también hizo foco en otro punto clave: “Hay más de 200 productores asociados a Tomate 2000 que no están teniendo este problema, porque están integrados a la industria, firman contratos, fijan precios y aseguran la comercialización”. Para Dávila, esa es “la otra cara de la moneda” y un modelo que debe replicarse.
“Hoy es imposible trabajar sin planificación y solo sobre la base de la intuición. Muchos se largaron a producir porque el año pasado los precios fueron buenos, pero sin analizar las variables del contexto país”, advirtió. Según afirmó, quienes actúan sin información luego terminan “golpeándole la puerta al gobierno para que le dé la solución o para mostrar que un sector está en crisis”.
Sin desconocer la responsabilidad estatal, Dávila también apuntó a los productores: “Tiene que haber una gestión puertas adentro. Si no, todos los sectores podrían reclamarle al Estado cada vez que algo no funciona. Me parece que tiene que haber también una responsabilidad privada a la hora de desarrollar actividades económicas”.
Asimismo, Dávila coincidió con los planteos sobre la escasa visibilidad de políticas de planificación por parte del gobierno y los organismos técnicos. “La foto que sacás la suscribo”, dijo en referencia a la falta de información útil por parte de áreas como Agricultura o el desaparecido IDR. Pero rápidamente remarcó: “El productor muchas veces no se compromete ni participa en las cámaras”.
Para ilustrar la magnitud del problema, hizo referencia a la situación del durazno en lata, cuyos precios son entre un 30 y un 40 por ciento inferiores a los del año pasado, y a la vitivinicultura, donde incluso uvas de altísima calidad no están siendo cosechadas ni tienen destino en bodegas. “Eso te muestra que el problema es más grande. No se trata solo del tomate”, enfatizó.
En ese sentido, consideró urgente mejorar la competitividad del sector, empezando por una reducción en la estructura de costos, especialmente los vinculados a la energía. “La factura de energía de un pozo tiene un 40 por ciento de impuestos. El IVA es del 27 por ciento. Hay impuestos nacionales, provinciales, del EPRE y hasta tasas municipales. Si no podés subir precios, tenés que bajar costos”, explicó.
Para Dávila, esto requiere medidas conjuntas: “El productor tiene que producir más kilos con mayor eficiencia, pero los gobiernos también deben corregir las distorsiones impositivas que hacen que toda la actividad económica se resienta”.
Sobre el uso de tecnología para anticipar crisis como la actual, Dávila fue categórico: “Hoy hay datos de todo, pero no se usan. Pasa el tiempo y esto no se corrige. Seguimos con los mismos problemas de hace 40 o 50 años, pero ahora con información disponible que no se aplica”.
Tampoco esquivó críticas al desempeño político: “Los impuestos nacionales los hemos planteado todas las cámaras. No se han corregido. Los legisladores nacionales no han hecho ni el intento. Hay que ponerles un cero, ni siquiera arman un proyecto de ley. Con los impuestos provinciales pasa lo mismo. ¿Qué hacen los legisladores de cada distrito? Nada”.
Con ironía, concluyó: “¿Cuándo vamos a medir la productividad del sector político? ¿Cuándo vamos a abordar la reforma política? Cuando planteás esto desde las cámaras te dicen ‘eso no mueve la aguja’. ¿Cómo no va a mover la aguja? ¿Mil millones, dos mil millones no mueven la aguja? Eso debería destinarse a docentes y policías mal pagos. Es necesario empezar a dar ese debate que la política no quiere dar”.
Dávila consideró que en años electorales como este, la ciudadanía tiene que cambiar su forma de interpelar a los dirigentes. “Si no, el sector productivo va a seguir bajo la misma nube negra. Pasan las décadas y lo único que logramos es que el negocio agrícola se achique”, concluyó.

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