Productores mendocinos de cereza importan material vegetal para aumentar la producción

Por primera vez, un clúster conformado por productores, la Cámara de Cerezas de Mendoza y la Secretaría de Agricultura provincial ha concretado la importación de material vegetal de alta tecnología para renovar la producción local. Diego Aguilar, presidente de la Cámara, explicó que esta medida busca reemplazar las plantaciones viejas y poco productivas que han limitado el crecimiento de la cereza argentina, tomando como modelo la experiencia chilena.
En diálogo con FM Vos 94.5, Aguilar aclaró que, si bien en el pasado hubo importaciones puntuales, esta es la primera vez que la operación se realiza bajo un clúster organizado. El objetivo es superar el talón de Aquiles de la industria: la falta de material genético apropiado. «Actualmente, los cultivos se realizan con plantaciones y variedades muy viejas y poco productivas. Por ello, para subsanarlo, hemos recurrido a la exitosa experiencia de Chile en este aspecto», dijo el referente del sector al inicio de la nota.
El material importado consiste en portainjertos (conocidos como «pies»), que son el componente fundamental de la planta. Específicamente, se trajeron pies de Chile, producidos in vitro, que permiten una propagación exponencial y rápida, vital para crecer en superficie. «Hemos importado portainjertos de la variedad Maxma 14, que es una combinación de dos variedades que ha demostrado adaptarse muy bien a los suelos desérticos de Mendoza», comentó Aguilar.
La operación involucró la importación de aproximadamente 12.000 plantas. Dada la posibilidad de introducir plagas, el proceso está regido por estrictos controles sanitarios del SENASA (Argentina) y el SAG (Chile), lo que obliga a una trazabilidad completa del material. «Debemos considerar que el material importado podría propagar alguna plaga. Por ello, el procedimiento exige una trazabilidad rigurosa, con inspecciones del SAG chileno y el SENASA que validan la sanidad del material», subrayó el titular de la Cámara de Cerezas de Mendoza.
«Una vez en el país, las plantas deben pasar una cuarentena bajo interdicción, con parámetros de seguridad específicos (como no ser plantadas a menos de 200 metros de otros prunus). Luego, estas plantas pequeñas serán injertadas con la variedad de cereza definitiva el próximo año», añadió el entrevistado.
La importación, si bien beneficia a un grupo de 10 productores que financiaron la operación, se espera que sirva de experiencia piloto para futuras inversiones de mayor escala y, principalmente, para la reconversión de las plantas envejecidas.
Aguilar confirmó que las ventajas del nuevo material van más allá de la calidad de la fruta. «Buscamos una mejora en la producción, sobre todo en el rendimiento y en la adaptación a suelos desérticos como los nuestros, donde se requiere menor cantidad de agua para riego. Además, estas variedades tienen los entrenudos más chicos. Esto se traduce en plantas más bajas (enanizantes), con menos vigor y que anticipan los días de cosecha», indicó al culminar la conversación.
El próximo paso y principal desafío es la importación de las nuevas variedades aéreas para injertar en los pies. Esto implica ingresar en un mercado de licencias, patentes y royalties (regalías) que deben pagarse a los genetistas que consiguieron las mejoras.