Provincia de Buenos Aires: La historia del preso que asesinó, pidió la eutanasia y hoy escribe cuentos para niños

Sebastián Armendano dice conmovido que no hay un solo día de su vida que no recuerde y le pida perdón a Horacio Luis Dos Santos, el comerciante que mató de un balazo durante un robo, el 5 de febrero de 1998.

Está arrepentido, jura que la bala se le escapó, pero admite que fue armado a cometer el asalto y eso es un riesgo que no lo exculpa.

En la cárcel, después del infierno, encontró su vocación: se convirtió en escritor.

Se siente tan poseído por la literatura, como si fuera otro mundo, que a veces siente el impulso de escribir el hecho y cambiarle el desenlace. Que Dos Santos viva.

-En la literatura vale todo. Se puede convocar a los ausentes, cambiar el final, resucitar a un personaje, crear mundos. Lamento que en la vida real haya cosas irremediables.

-¿Cómo hace para convivir con el peso tenebroso de haber matado?

-Voy a ser sincero. Con la víctima no sueño, pero no hay un solo día que no le pida perdón mirando la imagen de un Cristo que tengo acá. Pido que me perdone por lo que hice.

-¿Es consciente que para parte de la sociedad seguirá siendo un asesino y para otra un hombre que paga su condena y escribe libros?

-Claro. No quise hacerle daño ni le quise quitar la vida a esa persona ni en mis más remotos sueños. Pero la verdad es que fui con un arma, así que me tengo que hacer cargo que al ir armado porque puedo llegar a lastimar o a matar a una persona. Suena medio contradictorio decir no le quise hacer daño. Mi estupidez fue que el arma la llevaba para amedrentar y lamentablemente pasó una circunstancia en el hecho que me hizo temer por mi vida pensado que el hombre le iba a sacar el arma a mi compañero. Y en un error mío, que tampoco lo quise matar por eso, se me escapó la bala y lo maté. Así fue la historia de la persona a la que le quité la vida. Lo tengo presente cada día, es la cruz que voy a llevar el resto de mi vida. Por más que salga en libertad, esa cruz me va a seguir. Porque no soy quien para matar a nadie. Hace 15 años le escribí una carta a los familiares de la persona a la que privé de su vida.

-¿Lo perdonaron?

-No me respondieron. El sufrimiento lo llevarán de por vida.

Armendanos cuenta que pidió oficialmente la eutanasia como una estrategia judicialArmendanos cuenta que pidió oficialmente la eutanasia como una estrategia judicial

-¿Una vez pidió la eutanasia?

-Si. Pero ya no tiene sentido hablarlo. Soy sincero: fue una estrategia jurídica para llamar la atención en el Departamento Judicial de Azul, que no me daban nada de los beneficios que me correspondían. Ese fue el motivo de la eutanasia y no porque estaba loco, ni porque estaba mal anímicamente y me quería morir, para nada. Tengo las mismas ganas de seguir viviendo igual que vos o que cualquiera que tuviera ganas realmente de seguir vivo. Yo lo que no quería era seguir sobreviviendo en este medio durísimo, donde te acostás a la noche y tenés que dormir con un ojo abierto porque no sabés que te puede pasar. Estaba cansado de eso, por eso mi pedido de eutanasia, pero no porque no quiera vivir, de hecho me salen por los poros las ganas de vivir que tengo.

-¿Cómo fue su carrera delictiva?

-El primer robo se lo hice a una persona que no se lo merecía porque era de bien, trabajadora y yo era un pibito que tenia 13 o 14 años. Robé un almacén. Estoy arrepentido. No me lo olvido más. Igual me retracto. Ni los malos ni los buenos merecen ser robados. Pero esta gente era laburante. Ojalá pudiera volver el tiempo y pedirles perdón.

Armendano es una especie rara dentro del mundo carcerlario. Se crió en la calle, a los 14 años pasó por institutos de menores y a los 18 ya estaba detenido en una cárcel para adultos. Lleva 26 años detenidos y tiene 46.

Nació en Olvarría, tiene dos hijos y dos nietos. Y está en pareja con una escritora que vive en Castelar. Sus sueño es salir en libertad y vivir de la literatura.

Terminó tres novelas, escribió una antología de cuentos infantiles, y vendió más de cien cuentos para niños personalizados. ‘

Escribe de día, en el sector de la biblioteca, porque de noche apagan la luz y no está en una celda, sino en un pabellón colectivo.

A la literatura se la tomó en serio. Da talleres en prisión y escribió las novelas Sin pecado concibaSalvajes y Uno más de tantos Pedros; los libros de poemas El vómito de la concienciaLázaro y Filosofando. Y los cuentos infantiles Animalejos Concienzudos y un centenar personalizados. A pedido.

Además fue jurado de un concurso y primer premio del concurso literario “Cuenteros, verseros y poetas 2015”.

Comenzó a escribir en la cárcel de Sierra Chica, en 2010. Su primer libro, Lázaro, lo escribió a mano. Ahora, en el penal de Melchor Romero, tiene una vieja computadora.

Su antología de cuentos infantiles
Su antología de cuentos infantiles

-¿La escritura es una manera de remediar errores de la vida o de buscar un desahogo?

-Con la escritura trato de enmendar muchos errores, de hecho hago catarsis con cosas que me pasaron. Capaz que las escribo en tercera persona, pero son cosas que viví. Escribirlas me liberan de ese dolor que a veces tengo. Uno se hace el fuerte y trata de no llorar porque este es un ambiente hostil y si demostrás flaqueza te pisan la cabeza. Tenés que sacar fuerza de dónde no la tenés. Aparentar ser fuerte. La escritura me sirve para eso. Puedo ser un niño, una niña, yo puedo ser una persona enamorada, puedo ser un animal de la selva, una nube.

-Es llamativo que busque hacerse fuerte escribiendo cuentos infantiles…

-Me siento identificado con las personas sanas, inocentes, quiero identificarme con eso y eso sirve también para sanarme el alma. Para dejar de rodearme con la gente que me rodeaba. Mala junta. No culpo a nadie porque soy adulto, pero me di cuenta que llegué a hice cosas no porque sea influenciable (me considero más influyente que influenciable), pero sí por inmaduro y tener una mentalidad distinta a la de ahora. Hoy sé lo que quiero y a quienes tengo que escuchar y a quienes no. Muchas cosas que no puedo decir o hacer las exteriorizo con las historias que escribo.

-¿Cómo fueron sus días en la calle?

-No puedo decir que fueron feos como para cualquier otra persona. Yo era un chico que tenía trece años y te puedo asegurar que lo tomás todo como una aventura. Hasta el sufrimiento es una aventura. Hasta el frío. Hasta el hambre. Hasta que te peguen. Es como una película o vivir en una burbuja. Pero eso fue para mí. Ahora, maduro, veo un chico en la calle y se me caen las lágrimas. En la calle y en la cárcel te armas un personaje para que las cosas te duelan menos. Escribiendo, al dolor lo transformo en luminosidad. Y creo en Dios. A mi manera.

-¿Es de llorar?

-Mirá. Hablo con gente de bien, tengo buena comunicación con mi familia, hablo con gente ligada las creencias religiosas y me queda todo lo bueno. Percibo cuando la otra persona me transmite buena energía. La absorbo y así voy manejando el dolor y obviamente llega la noche y más de una vez apoyo la cabeza en la almohada y lloro, es inevitable. El dolor se va escribiendo, llorando, hablando, pensando. Lloro por muchas cosas, pero por sobre todo porque extraño a mi familia.

-¿De niño leía?

-No. Ni tampoco me leían porque no había tiempo. Mi mamá trabajaba en cuatro casas de familia y venía y apenas tenía tiempo para limpiar, lavar y cocinar, por lo que no tenía tiempo para leerme cuentos. Lo de los cuentos infantiles surgió de grande y el primer cuento infantil que hice fue a mi hijo mayor. Yo tenía la costumbre, estando detenido, de pedirle cuentos infantiles a docentes de nivel primario o secundario, hasta que un día una de las maestras me dijo: “¿Y por qué no lo escribís vos?”. Me dio unos consejos y me largué. Dedicado a mi hijo Sergio.

-¿Cómo fue su infancia?

-Feliz. Mi mamá se separó cuando yo tenía seis años. Me críe con ella. Hubo carencias. Y quizás esa fue una de las cosas que me hizo robar, porque –calculo- la segunda vez que delinquí, me robé unas zapatillas Reebook porque yo no las podía comprar. Y estaban de moda.

Su libro de poesíaSu libro de poesía

-¿Escribe cuentos por encargo?

-Sus padres me piden que les escriba un cuento a sus hijos y lo hago. Un ejemplo de algo que me emocionó: me escribe una chica que es policía bonaerense para pedirme un cuento personalizado para su hija. Ella quería que el personaje fuera su hijita. Me contó las características y armé una historia con el nombre de su hija, de hecho me mandaron fotos. Me emociona porque la nena tenía un hermanito de meses y ella estaba celosa, y como pasa con muchos chicos, se había ido a vivir a lo de su abuela porque habia perdido el protagonismo en su casa. Entonces escribí una historia donde ella, la protagonista, y tanto los perritos, como su hermanito y el barrio, estaban tristes y la necesitaban y ella tenía que hacer lo posible para volver y para que le vuelva la alegría a ese hogar y a ese hermanito que estaba triste y la buscaba por su casa y que los perritos no querían comer ni beber, ya no jugaban. Y una vez que hice ese cuento, entonces la mamá se lo hizo leer a la nena, que tenía 7 años. Después de leerlo, la nena volvió a su casa, dice la mamá que se emocionó y lloró. Es una de las cosas más lindas que me tocó vivir respecto a lo que escribo. También hago cuentos para los hijos y las hijas de mis compañeros.

En los talleres literarios que da en prisión, Armendano busca que los talleristas no escriban sobre sus vivencias. El trata de sacarlos de esos mundos oscuros y de llevarlos a lo fantástico.

Su obra es abarcativa. No sólo escribe sobe universos infantiles. También sobre sucesos históricos ficcionalizados, escribió un cuento sobre un hombre que es detenido por la dictadura, pero el protagonista llegará a un final feliz.

Fragmento de uno de sus poemas (Gaviota que se hace halcón)

“Cambie su piel” sin temor

y supere este “mal trance”.

Llegue al cielo…al esplendor

no se acostumbre a arrastrarse.

A usted lo pario el amor

pues viva… ¡y a destacarse!

Tiene alas…no un motor

no hay combustible que alcance.

Si el andar le da temblor

tranquilo…sólo es calambre.

Sin piernas…hay andador

siga lento…nunca es tarde.

Armendano dice que desea inmortalizarse a través de las letrasArmendano dice que desea inmortalizarse a través de las letras

-¿Qué autores le gustan?

-Nietzsche, Schopenhauer, Rodolfo Walsh, Paco Urondo, Ray Bradbury, Roberto Arlt, el pensamiento filosófico de Sócrates, Aristóteles, Platón. Y muchísimos más.

-¿Tiene un método de escritura?

-Como decía Arlt, a veces me dictan los ángeles y los demonios. Siempre digo que en un hombro tengo un diablito y en el otro un angelito y cuando surge un problema los dos me susurran cómo solucionar ese problema. Por ahí uno me dice “que le vaya mal” y el otro me dice “no, perdonarlo”. Hace años que le vengo haciendo caso al angelito, pero el diablo siempre va a estar, dictando cosas horribles al oído.

-¿Cree que su obra podrá ganarle a su prontuario?

-Nada va a tapar mis graves errores. Pero la literatura me salvó. Capaz que la mayoría de las personas intentamos inmortalizarnos en el tiempo y es obvio que no podemos porque el tiempo que tenemos de vida es obsoleto y se nos va. Yo deseo inmortalizarme a través de las letras. Es decir, yo me voy a ir pero mis letras van a quedar. No solamente voy a dejar las huellas de mis hijos y mis nietos, pero ellos van a hacer su vida y en algún momento mi nombre y mi apellido se va a perder, pero mis libros van a quedar. Sueño con toda mi alma que mis libros puedan seguir dando vueltas por el mundo. Por ejemplo, mi primer libro “El vómito de la conciencia” ha llegado hasta Alemania, sé que está en Uruguay, está en Chile y cruzó el continente por intermedio de profesores de la facultad porque fue financiado por la facultad de Derecho y la facultad de Ciencias Sociales, pertenecientes a la UNICEN (Universidad Nacional del Centro). La escritura y la literatura te inmortalizan, para mal o para bien.

-¿Se imagina en libertad?

-Sí, siendo una persona de bien. Con la experiencia que tengo hoy me imagino siendo una persona que se integra a la sociedad y que aporta cosas de bien. Uno de mis sueños es tener un comedor comunitario el día de mañana, dar talleres literarios en villas miserias o en barrios carenciados en donde no llega la cultura porque la cultura es elitista. El arte es elitista. Quiero romper con eso. Mientras tanto, escribo. Sin parar.

 

Fuente: Infobae