Psicofármacos: una ilusión falaz

Según un informe reciente del Sindicato Argentino de Farmacéuticos y Bioquímicos (SAFYB), en nuestro país el consumo de psicofármacos subió 40 por ciento desde 2013 hasta la actualidad. Hace cinco años se compraban 89 millones de unidades, mientras que este año rondará los 130 millones.
El estudio afirma que hoy por hoy unos 9 millones de argentinos consumen psicofármacos (clonazepam, alprazolam, lorazepam y diazepam). Otro dato resulta llamativo y preocupante: un millón de esos consumidores se sumaron a esa conducta en el último año.
Según afirman los especialistas en la materia, quienes usan (y abusan de) estos medicamentos, lo hacen con la ilusión de combatir la depresión, la ansiedad y la angustia, habituales y temidos fenómenos de la Argentina actual.
Las crisis económicas y sociales que atraviesa nuestra sociedad y la necesidad de ponerle orden a contextos de incertidumbre, estrés, redoble de la exigencia laboral y ansiedad, son sólo algunas de las causas que llevan a muchos argentinos a buscar una respuesta en estos químicos. Claro, respuesta no es igual a solución.
En tiempos en que la intolerancia a la frustración se ha extendido entre la población nacional, la argentina parece haberse transformado en una sociedad que medica sus sentimientos. A la luz de las cifras y de las explicaciones médicas, actualmente somos una comunidad que no sabe, no quiere o no puede lidiar con el dolor y las inclemencias propias de nuestra coyuntura.
“Darwin decía que si éramos capaces de sentir tristeza, ansiedad, pánico, disgusto o rabia, ello se debía a que todas esas emociones nos ayudan a sobrevivir. Necesitamos preocuparnos de las consecuencias de nuestros actos o nos buscaremos problemas. En fin, lo que hacemos siempre lo hacemos por alguna razón”. La declaración pertenece nada menos que al estadounidense Allen Frances, referente de la psiquiatría moderna. Los argentinos de estos días no hemos aprendido la lección y seguimos buscando para nuestros problemas soluciones mágicas y muchas veces perjudiciales para nosotros mismos.