Pymes: entre la previsión macroeconómica y la urgencia de recuperar el consumo

Ricardo Diab, presidente de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), analizó el complejo escenario que atraviesa el sector minorista. Tras un 2025 que cerró con un leve crecimiento estadístico, pero con una preocupante tendencia negativa en el segundo semestre, el dirigente advirtió sobre la necesidad de reactivar el poder adquisitivo y el financiamiento para sostener a las unidades productivas locales.

Un balance marcado por el efecto rebote

El cierre del año pasado dejó cifras agridulces para las pequeñas y medianas empresas. Aunque los números fríos muestran una suba interanual del 2,5%, el análisis de Diab reveló una realidad segmentada y una desaceleración que se profundizó hacia el final del ciclo.
“Hay que ser precisos con los números: enero y febrero de 2025 mostraron una mejora en comparación con 2024, que fue catastrófico, con caídas superiores al 25%. Hubo un rebote estadístico que dio una mejora inicial apoyada en la aparición de financiamiento. Sin embargo, ni bien eso se revirtió, la tendencia negativa continuó. Diciembre fue particularmente difícil, cerrando con un 5,2% negativo”, precisó al inicio de la comunicación.

“No tenemos hoy motivos que nos indiquen una reversión máxima de esta tendencia para los próximos meses, especialmente entrando en enero y febrero, que históricamente son meses complejos para el comercio no turístico”, alertó.

El reclamo sectorial: incentivos y financiamiento

Si bien desde CAME valoran la estabilidad macroeconómica y la previsibilidad que busca el actual Gobierno nacional, señalan que la economía real de los barrios y las pymes comerciales aún no siente el alivio.

“Se han tomado acciones que son muy buenas y dan previsibilidad, como la búsqueda del equilibrio fiscal y la estabilidad. Pero en lo productivo todavía sentimos que nos falta incentivo al consumo y financiamiento posible. El salario quedó descalzado al principio de esta gestión y hoy nuestra principal problemática es la falta de poder adquisitivo de la gente”, observó Diab.

“A medida que el tiempo se estira, la falta de rentabilidad de los pequeños negocios se complica. Lo que el sector comercial nos reclama hoy son cuotas; antes el ‘Ahora 12’ permitía comprar una zapatilla en 6 o 12 meses, algo que hoy, de un solo pago, es imposible para un asalariado”, continuó exponiendo el referente del sector.

El cierre del año pasado dejó cifras agridulces para las pequeñas y medianas empresas

La paradoja de la caja: ¿estar mejor o estar bien?

Uno de los puntos más reflexivos de la entrevista giró en torno a la comparación con años anteriores y el costo de salir de un modelo basado en el subsidio estatal al consumo.
“Es un análisis difícil. Algunos dicen que antes estábamos mejor, pero tal vez estábamos peor, porque lo que vivimos hoy es la consecuencia de lo que se hizo mal antes. Si vamos a la foto concreta de la caja, hoy el comerciante abre y tiene menos que antes. Aquellos planes con 24 o 48 cuotas subsidiadas por el Estado generaron un consumo fantástico de televisores y zapatillas, pero el Estado emitía para subsidiar eso. Quizás eso estuvo mal y hoy estamos pagando la factura”, declaró el presidente de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa.

“Es una discusión compleja: para muchos era eso o nada, pero hoy apostamos a una estabilidad real, aunque la demora en la reactivación productiva se está haciendo pesada para el sector”, manifestó.

Sectores que logran escapar a la tendencia negativa

A pesar del panorama general sombrío para el comercio minorista tradicional, Diab reconoció que existen “islas” de crecimiento vinculadas a sectores estratégicos de la economía nacional.
“Hay sectores ligados a cadenas de valor específicas a los que les ha ido mejor, como la construcción en ciertas áreas, el litio, los hidrocarburos y todo lo relacionado con Vaca Muerta. Allí hay movimiento. Pero si hablamos del pequeño comerciante genérico, del que está en el centro de San Rafael o en cualquier barrio, la situación es muy compleja”, aseveró Diab.

“Es loable la fortaleza de nuestro sector, que sigue apostando a pesar de la asfixia, esperando que el cambio económico finalmente llegue a las góndolas. Más allá de las discusiones técnicas, a ‘doña María’ lo que le importa es si puede comprar la leche, el pan o las zapatillas. Cómo se financia o se deja de financiar la economía termina siendo una cuestión semántica para los especialistas”, completó.