Qué es el enmeshment, el vínculo familiar donde el amor puede terminar en control

El femicidio de Carolina Flores reavivó el debate sobre el llamado enmeshment, un término que se popularizó tras conocerse la investigación y la frase atribuida a la sospechosa: “tú eres mío y ella te robó”. Más allá de la tragedia puntual, el caso puso sobre la mesa cómo ciertos lazos familiares pueden deslizarse hacia el control.
La Asociación Americana de Psicología describe el fenómeno como una implicación excesiva entre miembros de una familia en actividades y relaciones personales. Como puntualiza la Lic. Florencia Alfie: “En psicología, el término enmeshment hace referencia a los vínculos enmarañados. Son relaciones donde hay mucha cercanía, pero muy poco espacio personal”.
Cuando la cercanía se vuelve control
Los límites se vuelven borrosos y la identidad individual suele disolverse. Padres o madres que opinan sobre cada elección adulta o parejas que sufren por gustos propios son manifestaciones frecuentes. Alfie añade: “No hay un yo y un vos claro. Lo que siente uno lo siente el otro, lo que piensa uno lo piensa el otro…”
Señales habituales incluyen dificultad para decidir sin consenso familiar, culpa al trazar límites, invasión de la privacidad y rechazo de parejas o amigos externos. También aparece la necesidad de control sobre detalles íntimos y la sensación de traición si alguien busca independencia. A simple vista puede parecer cariño, pero oculta una lógica de dependencia.

El concepto forma parte de la terapia familiar estructural, ligada al trabajo de Salvador Minuchin, que estudió cómo la organización y las jerarquías influyen en el bienestar. Desde esa perspectiva se busca reconstruir límites y roles para que cada miembro tenga lugar propio, sin que el afecto dependa de la sumisión o la invasión constante.
Cómo recuperar la autonomía
Para transformar la dinámica no hace falta romper lazos, sino reorganizarlos. Alfie recomienda un camino gradual: “No se trata de alejarse bruscamente, sino de marcar límites claros. Es importante expresar las propias necesidades desde un lugar calmo y sostener esos límites aunque aparezca la culpa”, aconseja la especialista en terapia y en la vida cotidiana.
En definitiva, poner límites no equivale a dejar de querer: es una forma de sostener el vínculo sin perderse. Como resume Alfie: “El punto es cuidar el vínculo, pero también cuidarse dentro de él”. Aprender a diferenciarse protege la salud mental y permite relaciones más equilibradas y respetuosas a largo plazo con familiares y afectos.
Fuente: La 100