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Quién es Walter Bento: del poder absoluto a la condena

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En una oficina de los Tribunales Federales de Mendoza, cientos de ojos de cerámica custodiaban el poder. Era la colección de búhos de Walter Ricardo Bento, el amuleto de un hombre que, durante casi dos décadas, concentró competencias estratégicas que lo transformaron en un actor central e ineludible del sistema judicial.

Desde el Juzgado Federal N°1, su firma podía decidir desde el destino de un cargamento de droga hasta la validez de una elección. Sin embargo, ese andamiaje de influencia comenzó a crujir cuando los expedientes que él solía firmar empezaron a llevar su propio nombre en la carátula.

Al frente del Juzgado Federal N°1 entre 2005 y 2023, Bento fue sinónimo de un poder vertical, personalista y, para muchos, inquebrantable. Pero en la Justicia, el tiempo suele tener la última palabra. Del poderoso hombre que decidía quién iba preso y quién no, solo queda el recuerdo de un despacho influyente y el peso de una condena que desnudó una trama de corrupción que sacudió los cimientos de la Justicia en Mendoza.

Nacido en la Ciudad de Buenos Aires, su vínculo con Mendoza comenzó a principios de los años 90. Antes de ingresar al Poder Judicial, trabajó en una casa de cambios, experiencia que fue analizada durante el juicio para comprender su formación y su relación con el manejo del dinero. Una vez instalado en la provincia, comenzó su ascenso en los Tribunales Federales, transitando primero por tareas administrativas y consolidándose luego en las secretarías penales.

Su designación como juez federal se concretó en septiembre de 2005, bajo la presidencia de Néstor Kirchner y apadrinado por el operador justicialista Juan Carlos Mazzón. Tras superar el concurso correspondiente, inició una carrera extensa que, durante mucho tiempo, se desarrolló sin sobresaltos públicos. En los pasillos del edificio de la calle España, se lo conocía como un magistrado de trato formal y distante. Su estilo de conducción era marcadamente personalista: ejercía un control absoluto sobre el juzgado y ninguna decisión relevante se tomaba sin su firma directa.

En su despacho, un detalle capturaba la atención de quienes lo visitaban: decenas de estatuillas de búhos que poblaban estantes y rincones. Con el tiempo, esa colección se convirtió en una marca de identidad.

El búho, símbolo de vigilancia y conocimiento, parecía custodiar el hermetismo de un magistrado que, fuera de los tribunales, cultivaba un perfil reservado. Creyente, hincha de Boca Juniors y poco afecto a la exposición social, Bento mantenía una vida privada que solo se vería expuesta durante el juicio. Fue entonces cuando salieron a la luz sus frecuentes viajes familiares a destinos como Miami y Las Vegas, cuyos gastos y medios de pago se transformaron en piezas clave de la investigación patrimonial.

El proceso judicial también alcanzó a su círculo íntimo. Su esposa y dos de sus hijos, quienes también se desempeñaban en el ámbito de la Justicia Federal, fueron incluidos en la investigación. Durante el debate oral, la fiscalía contrastó la evolución de los bienes y vehículos del grupo familiar con sus ingresos declarados oficialmente, sembrando dudas sobre el origen de su patrimonio.

A lo largo de su trayectoria, Bento intervino en causas de alto impacto político y económico. En ese entramado de poder, mantuvo relaciones institucionales fluidas con funcionarios, dirigentes y empresarios. Su nombre cobró especial relevancia pública en 2011, cuando ordenó un polémico allanamiento a Cablevisión en medio del conflicto entre el Gobierno y el Grupo Clarín. Aunque la Corte Suprema cuestionó aquel procedimiento años más tarde, logró mantenerse al frente de su juzgado, retornando transitoriamente a un segundo plano mediático.

Sin embargo, el quiebre definitivo comenzó en 2020. Una investigación por narcotráfico derivó en el análisis de comunicaciones y documentos que pusieron bajo sospecha su actuación. A partir de ese momento, su figura se desplazó del centro del poder judicial al foco de una de las investigaciones más profundas en la historia del fuero federal.

Ante la inminencia del juicio político, Bento abandonó su histórico silencio frente a la prensa. En los meses previos a su destitución, adoptó una estrategia de defensa activa: concedió entrevistas, denunció ser víctima de una persecución política y apuntó directamente contra el fiscal de la causa. Pese a sus intentos, el avance institucional fue irreversible. En noviembre de 2023, el Consejo de la Magistratura lo destituyó por mal desempeño, lo que provocó la pérdida de sus fueros y su inmediata detención.

El juicio oral, que se extendió por más de dos años, concluyó con un fallo condenatorio por delitos vinculados al ejercicio de su función. La sentencia no solo puso fin a una carrera de 18 años, sino que marcó un punto de inflexión en la Justicia mendocina. A la espera de la audiencia que defina su pena, la trayectoria de Bento queda marcada por una paradoja: el mismo poder que concentró durante años fue el que terminó exponiendo su caída.

Fuente: El Sol – https://www.elsol.com.ar/mendoza/quien-es-walter-bento-del-poder-absoluto-a-la-condena/

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