Santiago Beni tiene 24 años, es de Bell Ville (Córdoba) y decidió darle un giro total a su vida: vendió todo, dejó la rutina de la fábrica familiar de agua y soda y se lanzó a la ruta con una compañera tan humilde como fiel, su Honda Wave 110 cc. Su objetivo es tan simple de decir como enorme de concretar: llegar desde el Fin del Mundo hasta Alaska, viajando siempre sobre dos ruedas.
En el marco de esa travesía, que comenzó hace apenas un mes, pasó por el sur mendocino y quedó fascinado con uno de los rincones más singulares de la cordillera: el histórico Hotel Termas de El Sosneado y sus piletas de aguas termales, hoy en estado de abandono pero rodeadas de un paisaje que impresiona a cualquier viajero.

“Vivo viajando en mi Honda Wave 110cc, lo dejé todo para recorrer mi país, Latinoamérica y quién sabe”, se presenta Santiago en su canal de YouTube, donde comparte cada etapa del viaje. Sobre su visita a El Sosneado, la crónica es clara: “Fue una experiencia inolvidable, comenzando por el camino que fue desafiante hasta llegar, cruzando vados y cajones de arena. La laguna es algo para no perderse, tan solo desviándose 30 metros se llega a un lugar impagable”.
ACAMPANDO EN EL HOTEL
El motoviajero también describe a su manera el impacto que le causó el viejo hotel cordillerano: “El hotel: lindo, bonito, abandonado jajaja. Está buenísimo, de día todo es muy lineal y no pasa de ser bloques de piedras acumulados con forma de paredes, un poco de suciedad (sociedad) y unas vistas tremendas… De noche la cuestión cambia un poco, el viento constante mete su parte tétrica y los ruidos de cosas también están, aunque suelen ser botellas o papeles… te cagás en las patas… ni hablar si te ponés a bajar al piso de abajo, eso sí que no está tan bueno”.

Las termas, en tanto, se ganaron un capítulo aparte en su relato: “Las termas: ¡una locura! No son tan calientes… no sé en verano, pero calientes calientes no estaban. Sí tibias, y obvio que es hermoso meterse ahí, en medio de la cordillera de los Andes, en un pozo natural de agua con un olor a azufre tremendo… salir… te cagás de frío mal jajaja, pero lo vale”.
Más allá del paisaje, Santiago destaca algo que para él es tan importante como la ruta: la gente. “El hotel me permitió conocer gente que hoy considero amigos, estar tres días ahí nos hizo formar un grupo, un equipo, una familia”, cuenta sobre la convivencia improvisada con otros viajeros que se cruzó en El Sosneado.

Su primera gran meta es Ushuaia, el “Fin del Mundo”. Desde allí, planea empezar a subir por el continente rumbo al norte, con la mira puesta en Alaska. Calcula que ese camino podría demandarle entre cuatro y seis años, siempre con la misma filosofía: vivir con lo justo, sumar experiencias y registrar cada kilómetro.
MIRÁ LA AVENTURA
Quienes quieran seguir de cerca su aventura pueden hacerlo en Instagram, en la cuenta @santibeni_motoviajero, y en YouTube como @SANTIBENIMOTOVIAJERO, donde ya está disponible el capítulo completo de su paso por San Rafael y El Sosneado: https://www.youtube.com/watch?v=w9MU693YLZ4
Desde una moto 110, con mochila, casco y muchas ganas, Santiago Beni ya demostró que los grandes viajes no dependen del tamaño del motor, sino de la decisión de salir a buscarlos. Y en esa ruta hacia Alaska, El Sosneado y el sur mendocino ya ocupan un lugar especial en su mapa de recuerdos.







