El precio de la carne ha vuelto al centro de la escena económica tras un incremento sostenido en el valor de la hacienda que promedia el 10% en el último mes. Sin embargo, detrás del mostrador se esconde una compleja reconfiguración del sector que mezcla la apertura de mercados externos con un stock récord en los corrales. Agustín Fernández, productor y presidente del Clúster Ganadero de Mendoza, analizó en diálogo con FM Vos 94.5 la estabilidad actual de los precios, el potencial de las tierras bajo riego y el desafío de producir localmente lo que el mendocino consume.
Tras un inicio de año con movimientos bruscos, el valor del kilo vivo parece haber encontrado una meseta temporal, aunque los factores que lo impulsan siguen siendo multicausales. «Año a año, los primeros meses generan movimientos de precios por el inicio de la zafra y la mayor demanda. Este año el incremento fue más notable, situando al ternero liviano en pie —la categoría de mayor valor— en torno a los 8.500 pesos. Si bien notamos una estabilidad en las últimas dos o tres semanas, con el gordo a faena entre 5.000 y 6.000 pesos, no sabemos si es el techo definitivo», analizó Fernández al comienzo del reportaje.
«Influyó mucho la apertura de nuevos mercados internacionales y una retención importante: cerramos febrero con stock récord en los feedlots, y ese animal que no sale a faena porque se estiran los plazos de engorde termina moviendo la aguja del mercado», continuó diciendo.
El mostrador como regulador
A pesar de la presión de los costos en el origen de la cadena, el límite final del precio no lo define el productor ni el frigorífico, sino la capacidad de pago del consumidor final en el punto de venta. Esta dinámica ha generado una competitividad ajustada en los eslabones intermedios del proceso. «Los frigoríficos plantean que, con estos valores actuales de la hacienda en pie, están perdiendo competitividad. El número vuelve a quedar muy ajustado y la rentabilidad se achica, porque no es solo el animal lo que subió; también han aumentado de forma sostenida otros componentes críticos de la cadena cárnica», coincidió el presidente del Clúster Ganadero.
Este escenario deriva inevitablemente en una migración del consumo por parte de los clientes. «Hoy el techo lo pone la billetera de las familias. Notamos que el pollo y el cerdo vuelven a tomar protagonismo en la góndola por una cuestión de valor, no por una elección de gusto. Es un proceso cíclico que ocurre siempre ante saltos grandes en la carne vacuna», observó. «La gente busca alternativas más económicas hasta que los valores generales del mercado se acomodan», consideró. De esta manera, el mostrador funciona como el último dique de contención frente a las variaciones de precio en el campo.
Uno de los datos más reveladores de la industria local es la brecha entre la producción y el consumo interno, lo que representa una oportunidad de negocio para los inversores regionales. «La ganadería en Mendoza tiene mucho potencial. Actualmente producimos apenas entre un 10 y un 12% de la carne que consumimos; eso significa que el techo para crecer dentro de la provincia es altísimo. Es un gran momento para que los productores avancen, produzcan más y logren ese valor agregado», sostuvo el referente del sector.
«Estamos viendo situaciones de inversión muy interesantes de gente que quiere potenciar el sector, entendiendo que el margen para ampliar la ganadería local es enorme», enfatizó.

El eje del engorde: feedlots y zonas bajo riego
El crecimiento del sector ganadero en la provincia se está apoyando actualmente en dos pilares fundamentales: la tecnificación del encierre y el aprovechamiento estratégico de tierras que hoy se encuentran ociosas. Uno de los temas centrales de la gestión sectorial es la apuesta al riego como motor de eficiencia.
«Buscamos potenciar la producción bajo riego tomando como puntapié la cantidad de tierras que hoy tenemos disponibles en Mendoza. El Ministerio de Producción está orientando acciones allí porque el valor agregado que la ganadería le pone a esas tierras desaprovechadas es muy alto. Es un momento que debemos acompañar con infraestructura y políticas claras», subrayó Agustín Fernández.
Respecto a los establecimientos locales, el panorama muestra un sector en plena expansión, pero con margen para nuevos actores. «Hoy tenemos entre 15 y 20 establecimientos de feedlot propiamente dichos en la zona, dedicados al encierre corto de 90 días. Sin embargo, también están creciendo los procesos de recría más largos, que permiten una terminación del animal con mayor peso. Necesitamos más empresarios que inviertan en producir kilos dentro de Mendoza; hoy la ecuación de costos es más favorable y el desafío que tenemos por delante es puramente productivo», completó el presidente del Clúster.







