Reavivan el pedido por un Santuario de Cóndores en el Cañón del Atuel

La liberación de “Llallij” en el Cañón del Atuel volvió a encender una discusión que, para ambientalistas y organizaciones vinculadas a la fauna nativa, no admite más demoras: la necesidad de crear un Santuario de Cóndores en una de las zonas más emblemáticas del sur mendocino.
El reclamo tomó fuerza durante la jornada de restitución del ejemplar a su ambiente natural, cuando se escuchó una frase que resumió el espíritu del planteo: “No basta con recuperarlo y libertarlo; necesitamos asegurarnos de que tenga un hogar a donde regresar”.
Detrás de esa idea hay una preocupación concreta: el avance humano, la presión turística y las amenazas sobre el hábitat están reduciendo cada vez más los espacios seguros para el cóndor andino, una especie clave para el equilibrio ecológico y un símbolo cultural de la región.

En ese contexto, referentes del proteccionismo animal y vecinos comprometidos con el ambiente volvieron a solicitar “de forma urgente” la creación de un área específica de resguardo en el Cañón del Atuel, con un esquema de manejo que garantice un territorio libre de amenazas, donde el desarrollo no implique un costo irreversible para la biodiversidad.
Según señalaron, el proyecto del Santuario no es nuevo: ya fue presentado en instancias anteriores como una propuesta de conservación y ordenamiento, orientada a delimitar zonas de protección, establecer pautas claras de uso del territorio y fortalecer el control sobre actividades que puedan afectar a la especie.
ENTORNOS FRÁGILES
La diferencia, sostienen ahora, es que los episodios de rescate y rehabilitación se repiten y funcionan como señal de alarma: recuperar un cóndor es valioso, pero no alcanza si el entorno al que vuelve sigue siendo frágil o riesgoso.
El concepto de “santuario” que promueven apunta a una figura de resguardo con presencia estatal y participación técnica, que permita proteger sectores de nidificación, áreas de vuelo y corredores naturales, además de impulsar educación ambiental y buenas prácticas para la convivencia entre turismo, actividad humana y fauna silvestre.
Con “Llallij” nuevamente en libertad, el mensaje que buscan instalar es claro: la conservación no termina en la suelta. Para que el cóndor tenga futuro, insisten, hace falta algo más grande y permanente: un hogar protegido en el corazón del Cañón del Atuel.