La percepción socioeconómica de los habitantes de Mendoza atraviesa un momento de profunda tirantez, caracterizado por el deterioro de los ingresos familiares, la sobreexigencia laboral y una marcada caída en las expectativas de recuperación en el mediano plazo. De acuerdo con un reciente relevamiento de opinión pública conducido por la consultora Demokratía en los departamentos del Gran Mendoza y el Oasis Norte, la amplia mayoría de la ciudadanía sostiene una mirada fuertemente crítica sobre su realidad financiera individual. Si bien el estudio revela que un porcentaje mayor de encuestados declara «llegar a fin de mes» en comparación con mediciones de años anteriores, la trastienda de ese indicador expone un severo proceso de precarización cotidiana: la masiva recurrencia a pluriempleos, horas extras, emprendimientos informales de subsistencia y un endeudamiento crónico mediante tarjetas de crédito para cubrir la compra de insumos básicos.
El politólogo, analista de opinión pública y director de la firma, Nicolás González Perejamo, detalló los indicadores clave de la muestra, el desgaste de las expectativas hacia la gestión del presidente Javier Milei y el impacto del descontento ciudadano en el mapa político local.

La trampa de llegar a fin de mes: pluriempleo, endeudamiento y cambios en el consumo
A pesar de que los números absolutos de cobertura mensual de gastos muestran una leve mejora estadística, la calidad de vida de los mendocinos registra una merma sustancial sustentada en la sobrecarga laboral. «Buscábamos rebatir o confirmar la presunción de que durante los eventos recreativos masivos la sociedad pone en pausa su pensamiento sobre las cuestiones políticas y económicas. Los datos del relevamiento arrojan un primer resultado llamativo: un 3,25% de los encuestados afirma que directamente no le alcanza para llegar a fin de mes y un 15,13% declara que llega gracias al auxilio financiero de familiares o terceros. Luego tenemos un 37,39% que llega de forma ajustada, un 40,5% que manifiesta llegar sin problemas y apenas un 3,64% que cuenta con capacidad de ahorro», detalló Nicolás González Perejamo al inicio de la charla.
«Cuando se analiza la autopercepción económica personal o familiar, el 73,91% de los mendocinos responde que su situación es mala y un 5,92% que es muy mala, consolidando un pico superior al 81% de negatividad. Esta aparente contradicción entre ‘llegar a fin de mes’ y ‘sentir que la economía es mala’ se explica por el enorme costo humano que exige esa cobertura. Más del 80% de la población ha tenido que multiplicar sus horas de trabajo, sumar changas, encarar emprendimientos familiares o ajustar drásticamente el consumo básico para sostener el presupuesto. Sumado a ello, la morosidad es elevada en un contexto donde cerca del 90% de los hogares financia gastos cotidianos con crédito», continuó analizando.

Agotamiento de la paciencia y caída en las expectativas a futuro
Los plazos de tolerancia social otorgados a la administración nacional registran una contracción severa, al tiempo que la expectativa de mejora económica a un año cayó a mínimos históricos. «Consultamos expresamente a la ciudadanía por el tiempo de espera restante para que el presidente Javier Milei resuelva los problemas estructurales de la economía. La opción de ‘ya lo está solucionando’ solo fue elegida por el 5,65% de la muestra. En tanto, un 28,24% acumula respuestas de tolerancia que van de los tres a los nueve meses adicionales. Sin embargo, el dato dominante es que a un 66,11% de los encuestados se le acabó la paciencia y no le otorga más margen al gobierno nacional», aseguró González Perejamo.
«Esa pérdida de tolerancia se traslada directamente a las expectativas sobre el futuro del país. Ante la consulta sobre cómo estará la economía nacional de acá a un año, el 66% de los mendocinos opinó que estará ‘igual de mal’ y un 15,20% anticipó que estará ‘peor que ahora’. Solo un 0,67% cree que estará ‘mejor’ y un 17,61% ‘igual de bien’. Es decir, ocho de cada diez mendocinos sostienen una mirada escéptica hacia el horizonte económico. En un país con histórica capacidad para renovar la esperanza, el esfuerzo realizado sin resultados palpables ha provocado un agotamiento circunstancial del optimismo», consideró.

Transversalidad de la crisis y el fenómeno del «costo casta»
La uniformidad de los datos a través de los distintos estratos demográficos refleja que el malestar social trasciende edades y sectores socioeconómicos, afectando la valoración general de la gestión pública. «Las respuestas en este informe han sido notablemente parejas y uniformes en todas las franjas demográficas, sin importar la edad, el género, el nivel educativo o la condición de ocupación. Si bien en los sectores de menor instrucción formal suele preservarse un margen ligeramente superior de esperanza, el descontento es hoy un reflejo generalizado que atraviesa a toda la sociedad en su conjunto», comentó el consultor en la entrevista que mantuvo con la emisora radial FM Vos 94.5.
Finalmente, el politólogo expuso que el agobiante escenario socioeconómico ha comenzado a pasarle una factura directa a la gestión pública en todos sus niveles. «Existe lo que denominamos un ‘costo casta’ que actualmente se encuentra en niveles muy elevados. Cuando el vecino está maldispuesto por una situación económica agobiante, su predisposición hacia cualquier acción estatal se vuelve fuertemente hipercrítica. Si observa una obra pública que se demora o percibe deficiencias en materia de seguridad, la penalización alcanza por igual al gobierno nacional, al provincial y al municipal. La tensión económica ha colocado al ciudadano en un estado de irritabilidad permanente que impacta de lleno sobre la valoración de toda la dirigencia política», completó.



