¿Religión negativa?

¿Sabe por qué los chicos aprenden a decir primero no que sí? La respuesta es obvia: ellos memorizan más lo que más se les repite. No hagas esto, no hagas aquello… ¿Cuántas veces lo escuchó el bebé aun antes de cumplir el año? ¿Y cuántas después?
Lo malo es pensar que la religión cristiana tiene más prohibiciones que mandatos positivos. «Una religión que se basa en el amor es positiva, pues el amor crea vida en derredor. Sin embargo, las encuestas revelan que para algunos el catolicismo es una religión negativa porque dice no, por ejemplo, al divorcio, al aborto, a las relaciones sexuales libres, etc. De hecho, no obstante, está diciendo sí al amor fiel, maduro, sí a la vida, sí a la dignidad y vocación superior de la persona».
Estoy citando una página de Basilio Caballero (en «La palabra cada día»). Dice después: «No puede ser negativa una religión fundada en el amor y abierta a Dios, al hombre, al mundo y a la vida. Si la vida es lo más grande que tenemos, una religión como el cristianismo, cuyo centro es Cristo, vida del hombre, no puede menos de ser una religión humanista del sí a la vida, religión dinámica y atrayente positiva y optimista.
Es lo que debemos testimoniar los creyentes, amando a Dios y a los hermanos. Tan urgente en un mundo difícil e insolidario como el nuestro, no el que la soledad, el hastío y el aburrimiento de vivir lo invaden todo, hasta a las nuevas generaciones. En este contexto social, proclamar y testimoniar un mensaje de vida y de amor es suscitar una brisa refrescante en el desierto calcinado. El cristiano debe ser un especialista en amar y ayudar a los demás, como lo fue Jesús.
La experiencia revela que el amor es la secreta fuerza de muchas personas sencillas que no deslumbran por sus cualidades, pero que irradian vida en torno suyo. Es que un gramo de amor crea más vida que toneladas de fría inteligencia…».
¿Quiere una síntesis maravillosa del amor, la vida y Dios? La dijo en su momento el piadoso patriarca Atenágoras: «El amor hace de la vida la revelación de Dios».

¡Hasta el domingo!

Compartir

¿A qué atribuye el endurecimiento del cepo al dólar?

Artículo anterior¡Qué mundo!
Artículo siguienteHace diez años