Repetir la historia, un karma argentino

Más allá de que la sentencia “la historia se repite como si fuera cíclica” tiene miles de ejemplos que van en sentido contrario (la evolución de algunas sociedades a nivel global desconoce de repeticiones y, sobre todo, de aquellas negativas), para los argentinos es casi una certeza fáctica.
En nuestra edición de ayer informábamos acerca de la pérdida que, en el último año, ha sufrido el poder adquisitivo de la mayoría de los jubilados y pensionados de nuestro país. La realidad demuestra que ese grupo –habitualmente poco reconocido por las medidas de los sucesivos gobiernos, salvo honrosas excepciones- acumula en lo que va de 2018 una caída del 9,7% en su poder de compra y se espera que cierren la comparación interanual con un retroceso de 13 puntos porcentuales.
La cifra surge de la diferencia entre los haberes que los jubilados y pensionados percibirán desde septiembre -en base a la nueva Ley de Movilidad y la nueva forma de calcular esos haberes que impulsó el Gobierno nacional encabezado por Mauricio Macri- y la inflación acumulada. Para ponerlo en números: los jubilados y pensionados observaron incrementos del 19,2% en sus ingresos en los últimos doce meses, mientras la inflación se ubicará muy probablemente en torno al 32% y el 33%, dato éste que seguramente revelará mañana el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos.
Volviendo al análisis histórico, la comparación resulta inevitable. En julio de 2001, el Gobierno del por entonces presidente De la Rúa –con el ministro Domingo Cavallo a la cabeza de las decisiones económicas en un momento acuciante- decidió un recorte en los haberes previsionales. Mediante el decreto 926, el Estado disponía que más del 16% de la clase pasiva del país de ese momento dejaría de percibir una parte de lo que le correspondía. El número del ajuste fue y es todo un símbolo: 13%.
Para la creencia popular, el 13 es un número de mala suerte. Sólo hay una peor suerte que repetir negativamente la historia para tropezar dos veces con la misma piedra y ésta es enamorarse de la piedra.