¿Sabes lo que es la cetoacidosis diabética?

La cetoacidosis diabética (CAD), o DKA (por sus siglas en inglés), se puede definir como una de las alteraciones metabólicas graves más frecuentes producidas por la diabetes mellitus, que además se encuentra caracterizada por una triada de hiperglucemia incontrolada, considerada de más de 250mg/dL, la existencia de acidosis metabólica y por un aumento en el número de las cetonas plasmáticas.
La aparición de la acidosis metabólica y el incremento del número de las cetonas plasmáticas se encuentran relacionados directamente con la presencia de niveles demasiado bajos de acción efectiva por parte de la insulina.
La DKA constituye una emergencia hiperglucémica de gran importancia entre pacientes que padecen diabetes mellitus y se describe con una triada bioquímica de la hiperglucemia incontrolada, la acidosis metabólica y el aumento de las cetonas.
Desde entonces, la DKA se ha convertido en la enfermedad responsable de más de dos tercios del total de pacientes que padecen la enfermedad de la diabetes. De hecho, en la actualidad, las cifras de mortalidad en cuanto a la cetoacidosis diabética se encuentran en torno al 5%.
La DKA se encuentra considerada como una complicación relacionada más habitualmente con la diabetes mellitus tipo 1, pero, pese a no ser lo más habitual, también se conocen casos en los que la diabetes mellitus tipo 2 ha sido la principal causante de la enfermedad, sobre todo afectando mayoritariamente a algunos niños y adolescentes. Más raramente se ha encontrado afectando a pacientes con diabetes tipo 2 y que no son insulinodependientes.
Esta enfermedad se trata de una complicación aguda grave que está considerada como una emergencia médica porque puede evolucionar y provocar la muerte debido a la aparición de otras complicaciones secundarias, como podrían ser la neumonía o la existencia de una infección.
Además, la DKA puede transformarse en una amenaza para la vida del paciente debido a que se produzca una falta parcial o total de insulina necesaria para el buen funcionamiento del organismo y a la acción sin ninguna oposición de las llamadas hormonas contra regulatorias como el glucagón, el cortisol o las catecolaminas.
La acción fundamental de la insulina se caracteriza por detener la utilización de la grasa como principal fuente de energía debido a que se produce la inhibición de la hormona peptídica glucagón.
Por ello, es preciso aplicar un tratamiento en el que se requiera reemplazar de una manera adecuada y rápida el déficit de líquidos y electrolitos existentes.
También administrar por vía intravenosa insulina y además realizar una correcta vigilancia monitorizando al paciente para prevenir posibles complicaciones futuras y estar de esta manera preparados para intervenir ante cualquier momento de necesidad, como podría ser ante problemas que surgiesen de hipopotasemia, hipoglucemia o un posible edema cerebral.

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