El viernes en horas de la tarde, tras un pedido de auxilio llevado a cabo por vecinos de calle Línea Ancha y calle Riera de Salto de las Rosas, Cañada Seca, hicieron un pedido a los bomberos voluntarios del distrito para que ayudaran a sacar un caballo que había caído en un pozo y que, claramente, no podía hacerlo por sus propios medios.

En diálogo con Diario San Rafael, el comandante Pablo Franciulli, del cuartel de bomberos voluntarios de Salto de las Rosas, explicó que el viernes pasado un caballo se escapó del terreno de una vecina, por lo que luego de salir a buscarlo lo encontraron dentro de un pozo. “Lo encontraron alrededor de la 1 de la tarde, y estuvieron casi seis horas viendo cómo hacían para sacarlo, hasta que nos llamaron”, dijo Franciulli, quien informó que no era la primera vez que les tocaba hacer una tarea como esa. “Incluso la Policía Rural nos conoce, porque hemos sacado de cauces de canales, canales primarios, de pozos sépticos, de hecho hemos hecho una herramienta en particular, pero lo que pasa es que es muy pesada para llevarla y hoy lo simplificamos con el camión-escalera que tenemos, ya que sin extender la escalera lo utilizamos como un pescante, como si fuera una grúa, lo que nos simplifica mucho el trabajo”, amplió, y aclaró no obstante, que “el problema es que el camión-escalera es urbano, es para andar por asfalto, por lo que nosotros somos unos ‘kamikaze’, pero ante la necesidad, se entiende”. “Cuando estábamos saliendo de ahí, pisamos una botella de fernet que no vi, y por suerte no cortamos una cubierta, porque si no, estarían todos festejando y nosotros en un ‘mar de lágrimas’”, apuntó.
Incendios
Por otra parte, los bomberos voluntarios, en esa constante tarea de apagar incendios que son causados –en su mayoría– por personas conscientes del daño que están causando, también tuvieron que apagar llamas. “Prenden fuego el fondo de las fincas, no sé quién, y se les va el fuego. Las fincas están abandonadas, la producción no funciona más, entonces es un gran problema porque se trata de urbanizar ‘a los ponchazos’, y eso implica que en el medio de lo que era una hectárea pongan una casa, y como hoy ‘construir barato’ significa armar los techos de paja como un quincho), es terriblemente peligroso para nosotros y, además, un problema fenomenal porque una vez que el fuego agarra ese quincho no hay forma de pararlo”, lamentó Franciulli y explicó que “el quincho es paja comprimida, entonces se mete la braza, la temperatura ahí adentro, y tenés que desarmar todo el quincho; por ende, hay que subir al quincho, y con el viento que había no da el tiempo”. “Por suerte lo cortamos a cinco o siete metros de una de las casas, y a otras casas se lo sacamos a unos 50 metros”, recordó.
El comandante planteó –una vez más– la necesidad de que la gente tome conciencia, incluso desde la escuela, de la importancia de cuidarse ante el fuego teniendo en cuenta el terrible daño que puede generar. “El causante en este caso, no tiene idea de la cantidad de casas que puso en riesgo”, remarcó y agregó que es necesario que la gente denuncie a los delincuentes que provocan estas situaciones límite.







