Salud mental, un privilegio: el drama de una mendocina que no puede pagar su tratamiento

Rosa, nombre ficticio que utilizaremos para llamar a una mujer mendocina de 59 años que padece depresión, expuso en primera persona cómo es vivir con una enfermedad de la que poco se habla. Muchos la sufren en silencio con el agravante de que, además, las instituciones públicas están “desbordadas“, según reconocieron los especialistas, tras el quiebre que implicó la pandemia.
Se conoce como depresión o trastorno depresivo a la pérdida del placer o del interés durante largos períodos de tiempo. La enfermedad afecta a más de 300 millones de personas en el mundo y puede impactar de lleno en cualquiera, sin distinguir edad, género o contexto socioeconómico.
Según los datos brindados por la Organización Mundial de la Salud (OMS), más de 700.000 personas se suicidan cada año, siendo la cuarta causa de muerte en el grupo etario de 15 a 29 años. Si bien existen tratamientos eficaces para combatirla, más del 75% de las personas afectadas en los países de ingresos bajos y medianos, no reciben ningún tipo de atención.
En el país, según un estudio de la Universidad Católica Argentina (UCA) publicado el año pasado, el 2022 fue el peor año en términos de salud mental y emocional entre los argentinos desde el 2010. Tras la pandemia, entre el 20 y el 25% de la población manifestó tener sintomatología ansiosa y depresiva. Las mujeres son las más afectadas.
“He tenido ganas de desaparecer”
Todo comenzó en plena pandemia, época que, según Rosa, “hizo desastres”. Al encierro, la incertidumbre y el temor por todo aquello que podía suceder, se le sumó una relación conflictiva con su hija adolescente y el cuidado de su madre. Poco a poco, la mujer fue notando que carecía de fuerza, voluntad y motivación que la sacaran de la cama cada mañana.
“Pasé una pandemia terrible, ahí arrancó todo. De pronto empecé a sentirme atrapada, trabada. Todo iba empeorando. Comenzó a ser común levantarme e irme quedando sin energía mientras transcurría el día. Por momentos veo todo negro“, inició relatando la mujer, en diálogo con El Sol.
Y continuó: “Hay días en los que no me levantaría, que siento que soy la peor del mundo. Por momentos siento un vacío enorme, creo que no le importo a nadie. He tenido ganas de desaparecer“.
Si bien Rosa lograba percibir que ya no era la misma de antes, fue una charla con sus amigas la que la impulsó a buscar ayuda profesional.
“El año pasado decidí iniciar el tratamiento después de hablar con mis amigas y contarles que no estaba bien. Primero fui a un psicólogo y después al psiquiatra. Me dieron medicación y empecé a sentirme mejor, pero llegó un momento en el que empecé a automedicarme porque ya no podía pagarme los médicos“, explicó.
“Necesito salir de esto, pero no tengo plata”
Actualmente, la mujer cortó el tratamiento con sus médicos, ya que por una cuestión económica le resulta imposible continuar. Confesó que está a días de quedarse sin la medicación que logró comprar un mes atrás.
“Hay muchas noches en las que no duermo. Siento que hay algo que no está funcionando, pero no puedo ir a que un médico me vea y me ayude. Necesito salir de esto, pero no tengo plata“, afirmó.
Si bien los valores varían según el profesional, la mendocina explicó que una consulta con el psiquiatra se encuentra a $18.000, el psicólogo a $13.500 y la medicación que le han recetado ronda los $50.000. Así se llega a una suma total por mes de $81.500, que resulta imposible de pagar para ella y para la gran mayoría de los argentinos, teniendo en cuenta que el Salario Mínimo, Vital y Móvil (SMVyM) es de $202.800.

Pensando en alternativas para seguir adelante con el tratamiento, Rosa buscó atención en el sistema de salud pública ya que no cuenta con obra social. Sin embargo, “está todo colapsado“. Y se encontró con una respuesta inédita en uno de los hospitales especializados en salud mental.
“Fui al Pereyra. Ahí me dijeron que al haber ido en auto tan mal no debía estar, por lo que me mandaron a mi casa. Yo entiendo lo que me dicen, pero entonces, ¿Quién me da una respuesta a mí? Hay que estar hecha mierda para que te atiendan“, expresó con una mezcla de angustia y enojo. Y a contramano de lo que dice la ley nacional de Salud Mental -en su artículo 7-.
La “obligación” de sufrir en silencio
Al sufrimiento diario que padece una persona con depresión, se le debe sumar, como si fuera poco, la vergüenza y el cuestionamiento de una sociedad poco instruida en materia de salud mental.
“A mí me da vergüenza decir que tomo pastillas. Me duele mucho cuando me dicen que estoy empastillada. Hay tanta gente que toma medicación o que en algún momento la ha tomado, pero no se anima a contarlo. Parece que la salud mental no es salud, como si no fuera una enfermedad“, expresó tímidamente.
Y describió: “Tantas veces me hacen sentir culpable por estar triste. Me dicen que tengo techo, a mis hijas, mi mamá. Parece que lo mío no es tan grave, pero siento una tristeza en el fondo que no me puedo sacar y tengo que respetar cómo me siento“.
En medio de una batalla contra la depresión en la que no piensa darse por vencida, Rosa confesó que tiene “días peores y días mejores”, que sus hijas y su madre la impulsan a salir adelante y que todos los días intenta levantarse con un propósito. Y elige el arte como medio de sanación.
“Si bien por momentos me siento una carga, una pesada, mis amigas y mi familia me apoyan. Me levanto con un propósito todas las mañanas, lo cumplo y a la noche pienso en todo lo que hice. Soy artista y puedo decir que el arte cura. Es mi puerta de escape, el único momento en el que no pienso en nada“, concluyó.
Salud mental en Mendoza
Los trastornos depresivos, trastornos de ansiedad, consumo de sustancias y trastornos de la conducta alimentaria, son las problemáticas que prevalecen entre los mendocinos, indicaron desde la Dirección de Salud Mental.
Manuel Vilapriño, a cargo del área, reconoció estar frente a un sistema “desbordado” producto de la “altísima” demanda, y plantea la necesidad de instalar el tema en la sociedad y en la política.

“Existen numerosos factores que generan que el sistema hoy esté colapsado en el sector público y privado. No sólo hay un aumento de la prevalencia de este tipo de enfermedades, sino que también observamos un traslado del ámbito privado a la parte pública“, explicó el médico psiquiatra en diálogo con El Sol.
El especialista garantizó que están trabajando para incrementar las políticas de salud pública en Mendoza, pidió que se involucre a todos los sectores y explicó que es un proceso que requerirá tiempo.
“Estamos actuando para que la asistencia sea cada vez mayor, pero es ingenuo pensar que esto es algo que se puede trabajar únicamente desde salud, necesitamos que sea algo intersectorial. Hay que lograr que la salud mental pase a ser prioridad y sea entendida como una política de Estado y esto no se hace de un día a otro“, afirmó.
Ante una situación de riesgo, pueden comunicarse al Centro de Asistencia al Suicida y Atención en Crisis al 0800 8000 135 o por llamadas por WhatsApp al (+549) 261 557 03 14. Por su parte, la provincia cuenta con la línea 148, opción 0, de lunes a viernes, de 8 a 20 horas.
Fuente: El Sol