San Rafael es uno de los cuatro departamentos que forma parte del proyecto “Azafrán Mendoza”

Desde hace tiempo se viene impulsando en nuestro departamento y en la provincia el desarrollo del cultivo del azafrán. En este sentido, con ayuda del programa Cambio Rural del INTA se ha logrado fortalecer un grupo denominado “Azafrán Mendoza”.
Se trata de una decena de pequeños productores de Maipú, San Rafael, Uspallata y San Carlos que obtienen pequeños volúmenes del producto, pero que posicionan a Mendoza como una de las productoras de azafrán más grandes y estables en la Argentina.
En el grupo participan cuatro sancarlinos, dos sanrafaelinos, un maipucino y un lasherino residente en Uspallata. Según explican trabajan “en forma asociada desde el 2010 en el marco del programa Cambio Rural del INTA con el objetivo generar una escala productiva de azafrán que sea económica, productiva y ambientalmente sustentable, basada en el asociativismo”.
El producto ya se puede encontrar en algunos regionales para la venta, mientras que también algunos restaurantes se han sumado a la cadena de compra para usarlo en sus platos.
“El azafrán resulta una alternativa productiva muy interesante para la agricultura familiar, que es la que puede aportar la mano de obra necesaria, incorporándolo como una actividad más a su sistema productivo. El azafrán no es hoy un cultivo del que se pueda vivir”con exclusividad, pero sí puede ser una forma de diversificar la agricultura familiar local y aprovechar todos sus posibles usos”, explican.
La especia que no pueda venderse como producto de primera calidad, diferenciado, podrá utilizarse en la realización de preparados artesanales aromatizados, como aceites, cervezas, miel, galletitas, pastas, chocolates, dulces, conservas, e incluso en cosmética. No hace falta descartar ni siquiera los restos de las flores (pétalos, sépalos y estambres), pueden consumirse frescos en ensaladas o en preparaciones cocidas, dando un toque sofisticado y pintoresco a los platos.
“En la región de Cuyo están dadas las condiciones para profundizar en todo esto. Será necesario trabajar en packaging y en ventas diferenciadas, en promocionar el uso en la cocina local mediante degustaciones y la difusión de recetas, con la posibilidad de relacionarlo con el turismo rural de la zona, y destacando el esencial aspecto humano de este producto artesanal”, indican desde el grupo.
El modelo de producción que se impulsa desde el INTA está orientado un agricultor que, involucrando a toda su familia en la producción, cultive con azafrán una superficie de 1.000 metros cuadrados (la décima parte de una hectárea), con un potencial productivo anual de 1 kilo de especia (hebras deshidratadas), a partir del tercer año de cultivo. Esto implica que, para ello, el agricultor deberá contar con una superficie total de 3.000 metros cuadrados para poder implementar adecuadamente las rotaciones de cultivo que la actividad exige.