Mariano Amaya, referente local de la Fundación Proseguir, volverá a Mozambique en el marco de una campaña internacional con un fuerte enfoque en el desarrollo humano. No se trata de una labor asistencialista, sino de un compromiso a largo plazo con la mejora de las condiciones de vida de una comunidad ubicada a 1.200 kilómetros de Maputo, la capital del país africano.
“Es una oportunidad muy linda para nosotros de poder trabajar ahí en ese país, y puntualmente automatizar la extracción de agua en un hogar orfanato que está en la ciudad de Chimoyo”, detalló Amaya a Diario San Rafael y FM Vos 94.5. Se trata del hogar Puertas de Misericordia, fundado por Susana Fernández, una argentina que se radicó en Mozambique hace una década.
El hogar se ubica en una zona rural y asiste diariamente a entre 88 y 108 niños, brindándoles alimentación y una enseñanza básica que equivale a un jardín de infantes o preescolar. “Allá los niños almuerzan ahí y a la tarde regresan a sus casas. Se van con un pan, una banana y algo más como para asegurar un poquito más de comida en esa noche”, relató Amaya.
El trabajo en este sector del país, profundamente distinto al paisaje turístico que puede encontrarse en Maputo, implica enfrentarse a realidades culturales y sociales muy complejas. “Cuando te vas alejando de la capital te vas encontrando con otra realidad”, explicó. “Mozambique tiene once provincias muy extensas. La ciudad de Chimoyo tiene algún que otro edificio, pero al salir de allí te encontrás con lo que llaman el mato, que sería como el campo”.
Allí, los niños que concurren al orfanato muchas veces se encuentran en situación de vulnerabilidad extrema. “La mayoría son huérfanos de padre o madre, o de ambos. Y también se da un tema cultural: en zonas rurales, para muchas mujeres lo más importante es saber que son fértiles, así que en la adolescencia tratan de embarazarse del primero que pueden. Ese hijo que nace es como una especie de testeo que le da la tranquilidad de que un hombre la va a buscar”, señaló Amaya.
Esa práctica termina dejando a muchos niños en una situación de abandono. “Viven en casas muy pequeñas, hechas de barro y paja. Los lotes no están delimitados, y los hijos quedan viviendo ahí con una tía, una abuela o la madre, hasta que esa madre se va con un hombre que forma una nueva familia. Esos niños quedan varados en la comunidad, y son muchos de los que Susana recoge y asiste”.
Además de brindarles alimentación, el hogar ofrece educación de nivel inicial a través de la “Escolinha”, un espacio que intenta contener a los pequeños. Amaya subrayó que no se trata de juzgar estas realidades, sino de comprenderlas en su contexto. “Uno por ahí lo cuenta y parece como que habla despectivamente, pero son cosas culturales que se está trabajando en cambiar. Susana, desde su lugar, habla con las mamás para tratar de revertir esta situación”.
El objetivo de esta nueva campaña es automatizar el sistema de extracción de agua, que hoy se realiza de manera manual desde un pozo de 47 metros de profundidad. “Todos los días hay que sacar agua a mano para lavarse las manos antes de comer, para preparar el jugo, para cocinar. Hay un muchacho que trabaja ahí y una mujer de la comunidad que ayuda, pero es un trabajo muy tedioso”, explicó.
“Lo que vamos a hacer es comprar una bomba sumergible, instalar una torre de cinco metros con un tanque de 3.000 o 4.000 litros, y hacer toda la cañería hasta los baños y la cocina, que están a 60 metros del pozo”, detalló. Además, planean dejar instalados piletones de lavado y una conexión básica de electricidad para iluminar el lugar durante la noche. “Hoy no hay movimiento nocturno, pero creemos que en un futuro podría haber niños que se queden a dormir. Queremos dejar el orfanato lo más acondicionado posible”.
Todos los elementos necesarios serán comprados en África. La bomba sumergible, por ejemplo, fue encargada a una fábrica en Guinea Bissau. “Conocí a una persona que lleva más de 100 pozos hechos allá, y me conectó con una fábrica que nos va a enviar la bomba a Maputo. De ahí nosotros la trasladamos a Chimoyo”, explicó.
El sistema funcionará tanto con energía solar como con un generador, para asegurar la provisión de agua incluso en situaciones adversas. “Es fundamental garantizar el acceso al agua en un lugar así”, sostuvo Amaya.
En cuanto al financiamiento de la campaña, la Fundación Proseguir habilitó una página web donde se reciben aportes voluntarios. “Lanzamos la campaña en www.fundacionproseguir.org y la gente fue aportando. Vamos sumando recursos para poder cumplir con el objetivo”.
A través de esta iniciativa, Amaya y su equipo vuelven a poner de manifiesto la importancia de trabajar por el desarrollo y la dignidad humana más allá de las fronteras. “No se trata de llevar cosas, sino de generar herramientas para que ellos puedan vivir mejor”, concluyó.







