De acuerdo con el último informe elaborado por el Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA), la inseguridad alimentaria infantil en Argentina alcanzó el 35,5% el año pasado, afectando a casi cuatro millones y medio de niñas, niños y adolescentes. Así lo confirmó Valentina González Sisto, investigadora del Observatorio, quien dialogó con Diario San Rafael y FM Vos 94.5 para analizar los resultados y su contexto.
“Nosotros desde el Observatorio hacemos un seguimiento anual de varios indicadores relativos a la deuda social en distintos ámbitos y distintos grupos sociales, y puntualmente en este caso lo que estamos haciendo es un monitoreo del indicador de inseguridad alimentaria en los niños, niñas y adolescentes de la Argentina”, detalló González Sisto. Explicó que la inseguridad alimentaria refiere “al grado de privación al que se enfrentan los hogares con niños y niñas en cuanto a acceder a alimentos”.
La investigadora precisó que el informe clasifica a los hogares en tres categorías: con seguridad alimentaria, con inseguridad alimentaria total y con inseguridad alimentaria severa. En el primer grupo, los adultos no reportan haber reducido la ingesta de alimentos ni haber padecido hambre durante el último año por motivos económicos. La inseguridad alimentaria total refiere a “haber reducido la ingesta por problemas económicos” y la severa a casos en los que los hogares manifiestan que “los niños de los hogares sintieron hambre”.
“El último año marcó un pico bastante importante, o bueno, uno de los picos más grandes dentro de la serie de 2010 a 2024, que es la que hicimos seguimiento, llegando al 35,5% de los niños”, subrayó González Sisto. Indicó además que desde 2018 el problema se mantiene en niveles similares: “Desde 2018, que es alrededor de uno de cada tres chicos que sufre inseguridad alimentaria total, como mencionaba en su versión un poco más moderada, y alrededor de la mitad de esta incidencia es de inseguridad alimentaria severa, es decir, que ya se siente hambre”.
Durante 2024, el 16% de los niños tuvo inseguridad alimentaria severa. A pesar de que el informe destaca un pico en ese período, González Sisto advirtió que “eso hace mucho que no se baja al 30%” y recordó que “previamente, entre 2010 y 2017, también dos de cada diez niños tenían inseguridad alimentaria, con lo cual es un problema muy estructural y muy instalado, digamos, en nuestro país”.
Consultada por el cruce de estos datos con las cifras oficiales del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), que informaron una baja de la pobreza del 53% al 38% en 2025, González Sisto aclaró: “Todavía nosotros no tenemos datos de este año porque el relevamiento lo hacemos más bien a fin de año, con lo cual hay que esperar cómo se comporta”. Sin embargo, remarcó que “si bien hubo una caída de la pobreza, la situación para muchos niños y niñas de nuestro país todavía sigue siendo muy crítica sin duda”.
Desde el Observatorio buscaron poner el foco en las desigualdades dentro de la población infantil. “Es muy importante también visibilizar eso y visibilizar que, aparte, no todos los niños de nuestro país tienen el mismo riesgo o se enfrentan a las mismas dificultades, que ese es otro punto que quisimos destacar en el informe”, puntualizó González Sisto. Al respecto, mencionó que “vimos que hay niños que, por vivir en un hogar monoparental, es decir, donde una única persona, por lo general es mujer, se ocupa o se tiene económicamente al hogar, esos niños tienen más de una inseguridad alimentaria”. A esto sumó que “lo mismo sucede cuando en el hogar el adulto de referencia tiene un empleo informal o está desempleado”.
Según remarcó, estas características son factores de riesgo que en el tiempo se han agudizado: “Son cuestiones que en el tiempo han tendido a ser más riesgosas, digamos que siempre fue un factor de riesgo el tener un adulto de referencia con una inserción precaria en el mercado laboral, pero hoy por hoy lo es inclusive más”. Además, explicó que “vemos que la brecha entre los empleados formales o en empleo pleno, digamos, y la de los empleados informales es más grande que hace 10 años, por ejemplo. Entonces son sectores que estaban mal y que hoy por hoy están peor”.
Respecto de por qué, pese a las estadísticas oficiales que muestran un descenso de la pobreza, la situación de inseguridad alimentaria sigue tan extendida, González Sisto expresó que “lo que pasa con las mediciones de la pobreza y demás es que, por ejemplo, si bien se ve una caída, bueno, también el año pasado había subido muchísimo la pobreza porque creció muchísimo la inflación, sobre todo durante el primer semestre del año pasado”. En ese sentido, explicó que “las mediciones de la pobreza por ingreso tienen esto, que son bastante volátiles”.
“Si bien bajó como 14 puntos respecto del año pasado, porque también en su momento había subido muchísimo, como también 10 puntos, entonces ahí hay que ver como la imagen un poco más completa”, subrayó, y agregó: “Lógicamente uno siempre para encontrar algo de alivio ver que algún indicador mejora es alentador, pero esto es una medición bastante volátil, la de la pobreza por ingreso”.
Por último, aclaró que “nosotros este dato de inseguridad alimentaria lo tenemos del segundo semestre del año pasado, con lo cual es un dato de esa coyuntura, digamos”.







