Los siniestros viales volvieron a instalar una preocupación que atraviesa diariamente a San Rafael. El crecimiento del parque automotor, la presencia cada vez mayor de motocicletas, el exceso de velocidad, el alcohol, las distracciones y el incumplimiento de las normas forman parte de un problema que, según coincidieron Rafael Videla, Jaquelina Rebolledo y Daniel de la Rosa, no puede resolverse con una sola medida.
Durante su visita al programa “Todas las Voces”, que conducen Ariel Sat y Alejandro Sosa por FM Vos 94.5, los tres aportaron sus miradas desde diferentes ámbitos. Videla, con experiencia en la Policía y particularmente en seguridad vial; Rebolledo, desde su trabajo con Estrellas Amarillas y la educación vial; y De la Rosa, desde su tarea como instructor y propietario de una academia de conductores.
El primer diagnóstico fue contundente. Videla puso el foco en la gran cantidad de motocicletas que circulan actualmente y en las conductas que observa a diario. “La realidad hoy en San Rafael, particularmente, lo que nos interesa es que hay mucha moto”, sostuvo.
Según explicó, el crecimiento del uso de estos vehículos vino acompañado por comportamientos que considera preocupantes. “Uno que transita o es usuario de la vía pública se da cuenta que van muy desprevenidos los pibes, sobre todo. No les interesa si tienen la derecha o tienen que ceder la derecha”, afirmó.
También cuestionó el comportamiento frente a los semáforos y particularmente el de algunos repartidores. “Los semáforos al límite lo pasan casi en rojo”, señaló.

Sobre los delivery, planteó que desconoce si la conducta puede estar relacionada con los tiempos de entrega o con la forma en que reciben el pago, pero remarcó que “básicamente es no respetar”. “Lo que hay en San Rafael es un desorden vial”, resumió.
El debate rápidamente pasó del comportamiento individual a la responsabilidad de las instituciones. Videla consideró que no se puede colocar todo el peso sobre la Policía, aunque reconoció que la estructura encargada de la seguridad vial necesita mayores recursos y capacidad operativa.
“No carguemos tampoco todo sobre la policía”, pidió, y explicó que la percepción de muchos usuarios es que, si nadie les marca una infracción, pueden continuar con determinadas conductas.
Desde su experiencia al frente de la Policía Vial, recordó que inicialmente había apostado por la concientización y la educación. Sin embargo, uno de los oficiales con mayor trayectoria le había advertido que “lo único que funciona acá es la multa”.
Videla decidió comprobarlo y, después de dos años, terminó reconociendo que aquella observación tenía parte de razón.
De todos modos, marcó una diferencia importante: “No obstante eso, la prevención siempre tiene efecto. El orden, tratar de ordenar la seguridad vial, siempre tiene efecto”. En ese marco volvió a aparecer la propuesta de fortalecer el trabajo municipal mediante un cuerpo de preventores o inspectores que pueda colaborar con el ordenamiento del tránsito.
La discusión también tuvo un componente sanitario. Videla explicó que cada siniestro grave genera consecuencias que exceden ampliamente el momento del choque.
“Cada víctima que va al hospital es un abordaje que tiene que hacer la salud pública de una persona que tuvo un accidente”, señaló.
Un siniestro puede implicar terapia intensiva, rehabilitación y tratamientos prolongados, además de personas que quedan con lesiones permanentes. “Es toda una cadena”, resumió.

Educar desde chicos para cambiar conductas
Jaquelina Rebolledo puso el acento en una herramienta que considera fundamental: la educación vial sostenida. La referente de Estrellas Amarillas (se pintan en el asfalto en los lugares donde ocurrieron siniestros viales fatales. Esta campaña nacional busca transformar el dolor de las familias en conciencia para prevenir nuevas muertes), recordó el trabajo desarrollado desde el Concejo Deliberante y las campañas que comenzaron a realizarse en escuelas e instituciones.
“Nosotros comenzamos en realidad convencidos, obviamente, que lo que también baja el índice muchas veces de siniestro es la campaña. Yo sí estoy convencida que las campañas viales son muy efectivas”, afirmó.
El trabajo se realizó con niños, adolescentes y adultos, buscando que la información no quedara limitada a una charla puntual.
“Los niños son como una esponjita, absorben todos los conocimientos que uno les va proveyendo y después ellos mismos los van pronunciando a las personas mayores o a quienes van conduciendo”, explicó.
Rebolledo sostuvo que la educación vial debe llegar a todos los ámbitos. “La educación vial no solamente tiene que estar en las escuelas, tiene que estar en todos lados”, afirmó.
En esa línea, mencionó la posibilidad de llevar charlas a clubes, asociaciones, barrios e instituciones. “Tenemos que instar a la población a que entre todos podamos hacer la evaluación de definir, en realidad, de lo que está sucediendo, bajar este índice”, planteó.

Videla coincidió y recordó una experiencia en una escuela donde se trabajó sobre situaciones habituales, como el estacionamiento en doble fila.
Lo que más le llamó la atención fue la reacción de los chicos frente a las conductas de sus propios padres. “La cantidad de crítica que hubo de los niños hacia los padres”, recordó. Los alumnos cuestionaban que sus padres utilizaran el celular, estacionaran en doble fila o cometieran otras infracciones.
Para Videla, esa experiencia demuestra que los chicos pueden convertirse en agentes de cambio dentro de las familias. “Habiendo trabajado con niños y adolescentes, digo, tenemos que trabajar en las edades tempranas”, sostuvo.
Las licencias para jóvenes de 16 años
Otro de los puntos abordados fue la posibilidad de que jóvenes de 16 años puedan obtener una licencia para conducir motocicletas.
Videla se manifestó en contra de reducir la edad. Su argumento no estuvo centrado exclusivamente en la capacidad técnica para manejar, sino en la madurez necesaria para asumir las responsabilidades que implica circular.
“Dos años de diferencia no hace mucho a la habilidad que pueda tener un individuo para manejar un vehículo, pero no me parece muy responsable hacerlo desde el punto de vista de la conciencia”, sostuvo.
También advirtió sobre el impacto que podría generar una mayor cantidad de adolescentes incorporándose al tránsito. “Si ya tenemos problemas con la seguridad vial por el parque automotor que hay, por las condiciones de estructura vial, imagínense la cantidad de pibes que van a salir a hacer la licencia con los 16 años”, planteó.
Daniel de la Rosa aportó desde su experiencia en la formación de conductores. Contó que, en ocasiones, son los propios padres quienes terminan respondiendo por sus hijos durante el proceso para obtener una licencia.
“Va una mamá con su nene. Nene, 18 años”, relató. Cuando llega el momento de responder determinados datos, la madre contesta por él. Incluso llega a decir: “No, démelo a mí, dice, porque él se olvida”.

Para De la Rosa, esa situación refleja un problema que va más allá de la edad. “Si usted va a darle un volante, el chico tiene que tener responsabilidades”, sostuvo.
Y agregó: “Déjelo que responda a él, por Dios. Hágalo hombre. Hágalo responsable, porque le va a dar una licencia”.
La formación, entonces, no debería limitarse a enseñar a manejar. También debe preparar al conductor para asumir las consecuencias de sus decisiones.
De la Rosa explicó que para obtener una licencia existen conocimientos vinculados con el dominio del vehículo, la legislación y los primeros auxilios. Por eso insiste con sus alumnos en la necesidad de conocer la Ley 9024. “Les pido por favor que lean por lo menos entre el artículo 30 y el 70”, señaló. Entre esos contenidos destacó especialmente las normas relacionadas con las prioridades de paso, las prohibiciones y las velocidades.
Para el instructor, uno de los problemas cotidianos es que muchos conductores conocen algunas reglas de manera superficial, pero no saben cómo aplicarlas.
El ejemplo más claro aparece con la prioridad de paso. De la Rosa explicó que la prioridad de quien circula por la derecha es una regla general que tiene excepciones y que debe conocerse.
Pero también remarcó que tener prioridad no significa avanzar ciegamente hacia un peligro. “Si el otro no le da el paso, frene señor. Aplique lo que se llama el sentido común”, fue el planteo.

Videla aportó otra situación cotidiana: conductores que se detienen para permitir el paso de un peatón y reciben bocinazos de quienes circulan detrás.
Para él, ese comportamiento muestra “la falta de conocimiento de la ley” y también una pérdida de solidaridad entre quienes comparten la vía pública. El celular fue otro de los factores mencionados como una fuente de distracción. Videla consideró que la tecnología no es el problema en sí mismo.
“No veo mal que se incorpore tecnología a cada una de las actividades que tengamos a diario porque son muy útiles”, explicó. El verdadero problema, sostuvo, está en “la responsabilidad que uno asuma a la hora de sentarse en un asiento o agarrar un manubrio o una moto”.
Alcohol, sustancias y responsabilidad individual
El alcohol apareció como uno de los factores que más preocupa cuando se analizan los siniestros graves.
Videla recordó un relevamiento realizado durante su trayectoria en seguridad vial y señaló que, según ese trabajo, aproximadamente la mitad de las víctimas fatales presentaban alcohol en sangre.
“Es un gran problema el tema”, afirmó. También remarcó que el consumo no se limita a los jóvenes. “No son pibes. Hay de treinta, cuarenta, cincuenta años. O sea, hay de todo”, señaló.
A esto sumó el consumo de medicamentos y otras sustancias que pueden alterar las condiciones necesarias para conducir.
El debate también involucró a las familias y a los adultos que permiten que adolescentes conduzcan sin contar con las condiciones necesarias.

Para los entrevistados, la responsabilidad no desaparece cuando alguien entrega las llaves a otra persona. Al contrario, se multiplica. La discusión sobre las sanciones apareció vinculada a un caso ocurrido en Sarmiento, donde un conductor que circulaba con un alto nivel de alcohol atropelló a una pareja, provocando la muerte de una joven y graves lesiones en su acompañante.
De la Rosa explicó durante la entrevista el proceso judicial del caso y el cambio de calificación que, según su relato, derivó finalmente en una condena de 5 años.
“Vos decís, ‘bueno, 5 años’, ahora, se llevó una vida”, expresó.
El caso abrió una discusión sobre la capacidad del sistema judicial para sancionar determinadas conductas y sobre la diferencia entre el daño producido y las herramientas legales disponibles.
En materia económica, también se mencionó que las multas pueden alcanzar cifras muy elevadas. Sin embargo, De la Rosa volvió a insistir en que aumentar las sanciones no resuelve por sí mismo el problema. “Mientras lamentablemente no haya lo que yo digo más formación vial”, sostuvo.

Cuando cruzar una frontera cambia el comportamiento
Uno de los momentos más gráficos de la entrevista apareció cuando De la Rosa relató el viaje de cuatro motociclistas argentinos a España.
Según contó, al entregarles las motos les hicieron una advertencia directa: “Caballeros, ustedes vienen de Argentina. Acá las reglas se cumplen”. Les explicaron que debían detenerse ante una señal de ‘Pare’, respetar las líneas continuas y que existían cámaras y drones para controlar las infracciones.
La experiencia llevó a discutir por qué muchas personas cumplen las normas cuando viajan a otros países, pero no necesariamente mantienen el mismo comportamiento en Argentina.
Videla planteó una comparación con Chile. “Los argentinos van a Chile y te cumplen todas las rayas. Viene un chileno acá, que allá es un señorito. Desastre”, afirmó.
Para el exjefe de la Policía Vial, la explicación radica en que “es una cuestión de contexto”, señaló.
Y agregó que también intervienen “la presencia de la autoridad de aplicación, que tiene que ver con un tema de concientización, que tiene que ver con algo cultural”.
De la Rosa aportó durante la entrevista datos correspondientes a 2024. Según señaló, ese año se registraron en Argentina 3.507 siniestros viales fatales y casi 4.800 personas fallecidas. “Estamos hablando de casi 10 siniestros viales por día. Una locura”, afirmó.

También mencionó la participación de motociclistas, ciclistas y peatones en los siniestros urbanos y señaló al exceso de velocidad y los adelantamientos indebidos entre los factores relevantes en las rutas.
Pero más allá de las estadísticas, los tres entrevistados insistieron en que detrás de cada número existe una persona. Videla recordó particularmente su intervención en la tragedia de la Cuesta de los Terneros. La experiencia, relató, tuvo un impacto diferente incluso para alguien acostumbrado a trabajar con situaciones de muerte.
“Por más que vos vayas y atiendas a la muerte como un instrumento más en tu carrera, en tu laburo diario, pero cuando ves los muertos que habían. No tan solo la cantidad, sino que eran chicos”, contó.
Para él, esas tragedias deberían seguir presentes en la memoria colectiva. “Eso te tiene que traer a la reflexión. Habría que traerlo de vez en cuando al comentario social, a la opinión pública, ese tipo de accidentes. Para que haya conciencia”, sostuvo. También se recordó la tragedia de Horcones y el uso del cinturón de seguridad en los colectivos.
De la Rosa contó que, según la información que recibió de un perito que había intervenido en el caso, el uso del cinturón podría haber evitado algunas de las consecuencias más graves.
El propio instructor contó que, cuando viaja en colectivo hacia Mendoza, siempre se coloca el cinturón. “Si te subís a un avión que va a 10.000 metros de altura, 800 kilómetros por hora, todo el mundo se pone el cinturón de seguridad porque si no, te retan en serio”, explicó.
La pregunta, entonces, volvió a ser la misma que recorrió toda la entrevista: “¿Por qué no te pones el cinturón de seguridad?”.
Dieciséis años de Estrellas Amarillas

El cierre quedó en manos de Rebolledo y del trabajo que realiza Estrellas Amarillas desde hace 16 años en San Rafael.
La referente explicó que el programa acompaña a las familias que perdieron a un ser querido en un siniestro y que las estrellas se pintan junto a los familiares. “Yo siempre les agradezco que me llamen cada vez que pintamos una estrella”, expresó.
El acompañamiento no tiene costo para las familias y busca también respetar las creencias de cada una, con la posibilidad de contar con representantes religiosos.
“Es tristísimo ir cuando vas a plasmar una estrella en el pavimento o acompañar a las familias que han perdido un ser querido”, reconoció.
La primera estrella pintada en San Rafael fue la de Belén, una joven de Pueblo Diamante. Desde entonces, el programa continuó trabajando en prevención, acompañamiento y concientización.
Rebolledo destacó además el vínculo construido durante estos años con la Policía Vial.
“Siempre han tenido ese respeto y han tenido esa empatía con el programa”, afirmó.
La estrella amarilla que queda sobre el pavimento funciona así como una marca de memoria, pero también como una advertencia sobre aquello que puede evitarse.
La extensa charla dejó una conclusión compartida por los tres entrevistados: la seguridad vial no puede depender exclusivamente de las multas ni de la presencia de un policía en cada esquina.
Se necesita control, pero también educación. Se necesitan sanciones, pero también formación. Se necesita infraestructura y presencia estatal, pero también responsabilidad individual.
La seguridad vial, en definitiva, comienza antes del choque. Comienza cuando cada persona decide cómo va a comportarse en la calle.


