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jueves 27, de enero , 2022

Sobreviviente del crucero Belgrano relató su historia a 38 años de Malvinas

Diversos actos y homenajes recordaron los hechos que dejaron Malvinas, y uno de los más emblemáticos fue el hundimiento del crucero ARA General Belgrano por parte del Reino Unido en las Malvinas. El ataque efectuado por el submarino nuclear británico HMS Conqueror dejó 323 tripulantes muertos del total de 1.093 hombres y mujeres que iban a bordo.
Sobre este hecho, el sobreviviente del crucero y excombatiente Nilo Navas relató lo sucedido a FM Vos (94.5) y Diario San Rafael. “De por sí la guerra te marca a fuego, más allá de donde el combatiente estuvo prestando servicios. En mi caso, fue en un buque que fue atacado y hundido. El hundimiento del crucero Belgrano fue considerado el naufragio más exitoso de la historia mundial de la navegación, en la relación de cantidad de tripulantes y bajas ocasionadas. El 2 de mayo de 1982, cuando se produjo el ataque, marcó un antes y un después para la persona que sobrevivió”.
Sobre el ataque, dijo que “nosotros estábamos con el conocimiento de que submarinos británicos se encontraban en la zona. Toda esta información viene por inteligencia del Gobierno. Sabíamos que la flota británica había zarpado entre el 4 y 5 de abril desde el norte de Gran Bretaña y ya se habían avistado alrededor de 130 buques que estaban navegando desde el Atlántico Norte hacia el Atlántico Sur. No sabíamos por dónde venían, cuántos, pero sí que traían armamento nuclear y lo mostraron en todo momento”.
En este sentido, el sobreviviente agregó que “un submarino nuclear es un arma silenciosa que podía estar meses sin salir a superficie y con los sonares que tenían nuestros buques, era muy poco probable que pudieran detectarlos”.

 

Narró que “nosotros zarpamos el 16 de abril de 1982, rumbo al teatro de operaciones de Malvinas. Hicimos una navegación costera muy cerca de la Patagonia. El objetivo era navegar por aguas pocas profundas, justamente para evitar a los submarinos. En ese contexto llegamos a Ushuaia, cuidándonos. Hicimos varias tareas logísticas y cuando a finales de abril pusimos proa para el sur del estrecho de San Carlos, se suponía que podía haber submarinos en la zona. Por ello, se hicieron maniobras evasivas. Navegamos con dos buques con sonar, que hacían una cortina por la derecha y por la izquierda, que nos iban custodiando, pero leí que el comandante del submarino Conqueror sabía que el sonido de las hélices de nuestro crucero hacía confundir a los buques que nos custodiaban. Así nos estuvo siguiendo de atrás durante 36 horas, se nos acercaba y se alejaba. Cuando se le presentó la oportunidad y recibió la orden, nos disparó tres torpedos y nos impactó con dos. Con semejante carga explosiva, a un buque de 200 metros de largo y con una altura de un edificio de cinco pisos como el Belgrano lo hundís en una hora. Adentro tenía 1.093 personas”.
En cuanto a la explosión, especificó que “esos torpedos entraron por abajo, en la parte de atrás del barco. Entran por el sellado nuestro (gran dormitorio), que es donde muere la mayor cantidad de personas. Pensemos que el Belgrano era un acorazado y los torpedos lo cortaron como hace un papel con una tijera”, ejemplifico, y describió su ubicación en los impactos: “Yo estaba en el área de comunicaciones, me encontraba en la parte operativa del buque”. Explicó que la función es ir informando al comandante para que tome decisiones. “Estábamos en un punto estratégico. El resto tenían otros roles, pero nosotros estábamos por donde estaba la información”, resaltó.
Posteriormente dijo que “el abandono del buque fue la parte más traumática. Lo viví en varios segmentos. Uno tuvo que vivir al ataque, pero después tuve que tomar la decisión de tirarme a la balsa, con vientos huracanados, olas de 7 metros, y en una situación de trauma no es fácil, esta decisión es de un segundo y la cabeza te trabaja de forma infinita. La tercera parte es sobrevivir en la balsa, es decir, antes que nada salir de abajo del barco, porque se hundía a razón de un grado por minuto y se te venía encima. Después transitar 32 horas como estuve yo, que fue una tragedia porque también murieron 23 personas producto del frío y de las heridas”.
Para concluir esta desgarradora historia, Navas completó que “en la balsa entraba agua, te estabas recongelando, se desinflaba, llorabas y no sabías qué hacer. La decisión la tomó el comandante luego de 20 minutos de evaluar, que no podría seguir con el buque averiado. A las 5 de la tarde nos quedamos a la buena de Dios. Esa noche fue uno de los temporales más grande que tuve que vivir”.

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