Son mendocinos, la pandemia los noqueó económicamente y encontraron en España un futuro mejor

Es una tendencia consolidada: los últimos sondeos de analistas y encuestadores estiman que entre un 60% o 70% de los chicos mayores de 17 años prefiere buscar un futuro mejor en el extranjero.

Un claro ejemplo de esos análisis es el de Giselle Marina Guerra, una joven de 30 años que en plena pandemia convenció a su marido, Maximiliano Zárate (33), para dejar todo y abandonar el país. La pareja, oriunda de Godoy Cruz, emigró junto a su pequeña hija de casi dos años.

En busca de mejores oportunidades

“El confinamiento nos terminó de noquear económicamente y fue lo que me llevó a convencer a mi marido de dejar la provincia y el país”, contó Giselle que desde mayo se encuentra radicada junto a su familia en Alicante, España.

En Mendoza, las cosas no estaban del todo mal, según comentó, pero la pandemia hizo que ella, que trabajaba en ventas, se quedara sin empleo y su marido, que se desempeñaba en un hotel, viviera con la incertidumbre de no saber qué iba a pasar con su fuente laboral.

“Frente a este panorama, tomó fuerza la idea de irnos. La iniciativa fue mía, me costó mucho convencer a mi marido y lo que nos empujó definitivamente fue que la inseguridad reinante en la provincia no era lo que deseábamos para el futuro de mi hija”, contó.

Así fue como el 25 de mayo de este año partieron con destino a San Fulgencio, donde los esperaban sus tíos y un primo.  

El 25 de mayo del 2021 decidieron emprender viaje hacia España.

Volver a empezar

Abandonar el país y arrancar de cero en otro continente no siempre es fácil.

En el caso de Giselle y su familia, que se fueron con la ciudadanía italiana y con familiares que los esperaban para darle una mano, las cosas se dieron lentamente.

De hecho, ella ya consiguió un trabajo en una cafetería donde logró su contrato laboral y Maximiliano, en tanto, espera la posibilidad de un empleo.

«Hace dos semanas logré ese contrato fijo y mi esposo se dedica a cuidar a mi hija. Cuando llegamos él estuvo trabajando con mi tío en construcción y remodelaciones de casas”, contó.

Giselle junto a Luis, uno de los dueños del bar y María, la cocinera.

Lo primero que lograron estando en Alicante fue un alojamiento: “Mi tío nos consiguió la casa donde vivimos actualmente. Había que pintarla y hacerle arreglos, de modo que pusimos manos a la obra y con eso nos pagamos varios meses de alquiler”, relato.

Además, la suerte los acompañó aún más ya que los dueños de la propiedad no les exigió garantía ya que, tal como ellos, habían emigrado a España siendo jóvenes y sabían lo que significaba arrancar de abajo.

Una vez instalados llegó una nueva oportunidad: “A los tres meses de haber llegado nos compramos un auto. Acá son súper accesibles. En Mendoza teníamos uno y nos costó bastante pagarlo ya que en el 2016 arrancamos con una cuota de $2.000 y lo vendimos pagando $30.000 de cuota, una locura realmente”.

La vida allá no difiere mucho respecto con lo que ellos hacían acá. “Trabajo de lunes a jueves de 9 a 17; viernes y sábado de 9 a 23. Tengo las tardes para disfrutar con mi esposo e hija y los domingos todo el día. Estamos bien, tranquilos y con la certeza de que acá vamos a crecer».

Los gastos en Mendoza versus los gastos en España

Independientemente de las oportunidades que los jóvenes lograron en tan pocos meses, es pertinente dar a conocer el estilo de vida que se lleva allá, los gastos corrientes y cómo se diferecian de los que tenían en Mendoza.

“A la hora de decidir emigrar fueron muchas las cosas que pusimos en la balanza. Por un lado, estaba el extrañar a mi familia, mis amigos, mi espacio y por el otro, tal vez el motor de esta hazaña, el futuro de mi hija. Se que acá ella va a crecer sin miedo de salir a la vida”, expresó Giselle.

“En Mendoza alquilábamos y no teníamos capacidad de ahorro, jamásAcá sí se puede ahorrar, de hecho, mi sueldo como camarera es de 1.300 euros (al cambio argentino es de $229.000), de alquiler pagamos unos 450 euros (que equivalen a $103.500), tenemos un gasto mensual promedio de 400 euros (unos 92.000 pesos argentinos) y el resto del sueldo más lo que pueda llegar a sacar mi marido por algunos trabajos provisorios es ahorro”, expresó.

“A diferencia de lo que nos pasaba en Mendoza, acá si quiero todos los meses me compro ropa, zapatillas , sin necesidad de apelar a la fincanciación en cuotas”, comentó y agregó: “Obviamente que miramos y comparamos precios, pero no nos limitamos a la hora de comprar. Por ejemplo, en Argentina uno tiene que elegir entre comprar la manteca o la mermelada, acá me puedo comprar las dos cosas”.

Las raíces, siempre presente

La decisión de emigrar a otro país, con otras costumbres no es fácil para nadie, menos para esta pareja que, al menos, tiene el consuelo de que familiares y amigos tomarán la misma decisión en los próximos meses.

“No tenemos pensado volver a vivir a la Agentina porque la forma de vida de acá no la vamos a tener allá, sin embargo, sí estamos viendo la posibilidad de ir de vacaciones, incluso no descartamos la idea de comprar un terreno o una casa, un pedacito de tierra de donde realmente es nuestro corazón. La idea es terminar nuestos días en Mendoza, con una jubilación de acá. Veremos cómo nos va en la vida», refirió.

Ya sobre el final y tomándose el atrevimiento de aconsejar a los que como ellos desean tomar nuevos rumbos, Giselle dijo:  “Para los que se quieren venir tienen que saber que si no tienen ciudadanía es difícil, acá en lo que sea que hagas te piden papeles»

«No fue fácil meter 30 años de mi vida en una valija. Extrañamos a la familia, los amigos, las juntadas, reuniones, los mates por las tardes en una plaza o el parque junto a ellos, pero hay que ser fuertes y resistir por nuestra meta», culminó.

Fuente y fotos: Gentileza El Sol