Sufrimiento

Padre José Ceschi

Hablar del sufrimiento ajeno es bastante fácil. Consolar al que sufre, un poco más difícil. Pero a todos nos hace bien leer el testimonio de alguien que, no sólo sufrió mucho, sino que pagó con su vida el precio de sus mejores ideales: Martín Luther King. Cristiano de profundas y tenaces convicciones, llegó a escribir:
«He aprendido que la carga del Maestro es leve, precisamente cuando nosotros nos cargamos con su yugo. Las pruebas personales me han enseñado también el valor de un sufrimiento inmerecido.
Cuando mis sufrimientos aumentaron, me di cuenta de que había dos maneras en que podía responder a mi situación: o reaccionar con resentimiento o tratar de transformar el sufrimiento en una fuerza constructiva. Opté por seguir la segunda.
Reconociendo la necesidad del sufrimiento, he intentado hacer una virtud del mismo. Aunque no fuese más que para salvarme de la amargura, he intentado vivir mis pruebas personales como una ocasión de transfigurarme a mí mismo.
He vivido con la convicción que el sufrimiento inmerecido es redentivo. Hay algunos que siguen considerando la cruz como obstáculo, otros la ven como una locura, pero yo estoy convencido, más de lo que he estado antes, que ella es la potencia de Dios para la salvación social e individual.
Como el Apóstol Pablo, puedo decir humildemente pero con valentía: ‘Llevo en mi cuerpo las señales del Señor Jesús’. Los angustiosos momentos que he pasado durante estos últimos años me han acercado más a Dios…
Cuando las cadenas del miedo y los conceptos de la frustración habían reducido casi a la impotencia mis esfuerzos, he sentido el poder de Dios que transformaba la angustia de la desesperación en la dicha de la esperanza.
Yo estoy convencido de que el universo está bajo el control de una intención amorosa, y que en la lucha por la justicia el hombre tiene aliados cósmicos. Tras la apariencias duras del mundo, hay un poder benigno».
Premio Nobel de la Paz en 1964, Martín Luther King dio su vida por el ideal de la paz, estrechamente unida a la justicia.
Aunque absurda, su muerte tuvo un sentido.

¡Hasta el domingo¡

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