Tecnología e intimidad

Créase o no, una de las “noticias” más replicadas la semana pasada en nuestro país fue la difusión de imágenes del actor Luciano Castro desnudo. Como si en nuestro país no existieran hechos que pudieran llamar nuestra atención o generarnos curiosidad o preocupación, las fotografías de Castro ocuparon durante varios días el podio entre las “más vistas” en muchos medios de comunicación.
El hecho depara varios tópicos para el análisis y la reflexión. En primer término, está claro que la utilización de las modernas tecnologías ha venido a modificar la manera en que los seres humanos nos comunicamos, generando infinitas posibilidades pero también diversos riesgos.
La libertad de cada uno de nosotros de tomarnos fotos, publicar opiniones o brindar información debiera ser prudentemente ejercida, sabiendo que existen otros muchos usuarios de esas autopistas informáticas interesados en utilizar maliciosamente lo que nosotros creemos como propio e inviolable, y mucho público –en el caso de los medios– con una morbosa fruición por consumirlos.
Una pregunta que surge de forma indefectible es: ¿cuáles son los límites de la privacidad en tiempos cuando el mundo digital invade casi todos los aspectos de la vida cotidiana? Esta interrogante ya ocupa una parte importante de las agendas de las organizaciones civiles que defienden el derecho a la privacidad y la libre expresión. Además, los debates sobre la vulnerabilidad de las redes informáticas pasaron a ser una preocupación para muchas personas que tomaron conciencia de la fragilidad de los teléfonos inteligentes, las computadoras portátiles, las redes sociales y todo tipo de dispositivos móviles frente a quienes tienen los suficientes conocimientos técnicos como para vulnerar esos equipos y monitorear lo que se ve, escribe o habla en el mundo digital.
En Argentina, si bien se han dado pasos hacia la sanción penal contra quienes publican o viralizan datos o imágenes de personas que no prestan su consentimiento, la práctica muestra que los hechos siguen ocurriendo, dañando la intimidad de quienes se ven expuestos.