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Tejedoras e hilanderas pusieron en valor los saberes textiles rurales en Malargüe

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En el marco de la Fiesta Nacional del Chivo se realizó un nuevo encuentro del espacio Tejiendo Vidas, una propuesta que articula cultura, producción y capacitación para mujeres rurales, con eje en la lana, el trabajo artesanal y la organización comunitaria.

En el contexto de la última edición de la Fiesta Nacional del Chivo, Malargüe fue escenario de un encuentro que volvió a poner en primer plano el trabajo silencioso y sostenido de mujeres rurales que conservan y transmiten saberes textiles ancestrales. Se trató de una nueva edición de Tejiendo Vidas, un espacio de intercambio, aprendizaje y puesta en valor de las tejedoras e hilanderas del sur mendocino, que reunió a productoras locales y de otras provincias, además de turistas que se acercaron a conocer de cerca el proceso artesanal de la lana.

Laura Di Pascua, integrante de la organización Encuentro y referente del Movimiento Puesteros del Sur, explicó a Diario San Rafael y FM Vos 94.5 que el trabajo que se visibilizó durante el festival es el resultado de un proceso que lleva varios años. “Soy vicepresidenta del Consejo Local Asesor (CLA) de la AER INTA San Rafael”, señaló, y aclaró que ese espacio “está integrado por personas que trabajamos en temáticas vinculadas al desarrollo de la ganadería y la agricultura, y que interactuamos con el INTA para detectar necesidades, fortalezas y debilidades del territorio”.

En ese marco, detalló que su rol consiste en ser “el nexo entre la comunidad y el INTA”, particularmente a través de Extensión Rural, lo que permitió avanzar en proyectos concretos con mujeres de zonas alejadas. “Empezamos a trabajar con las tejedoras e hilanderas de Malargüe, que son muchísimas”, indicó, y remarcó que no todas pueden participar de los encuentros presenciales por las grandes distancias y la falta de movilidad.

Di Pascua explicó que, si bien en el último taller participaron 42 personas, el universo de trabajadoras textiles rurales es mucho más amplio. “El Festival del Chivo se celebra en una época en la que muchos puesteros están en veranada; algunas pudieron llegar y otras no”, dijo, y agregó que en lugares como Agua Escondida “la movilidad pública pasa cada 15 días, lo que hace muy difícil coordinar”. En ese sentido, valoró el rol del INTA al señalar que “con el INTA se llega a todas partes, y eso permite que en algún momento del año se puedan brindar talleres y capacitaciones”.

El recorrido de Tejiendo Vidas comenzó en septiembre del año pasado con un primer encuentro en Agua Escondida, en el límite con La Pampa. “Ahí trabajamos de manera conjunta con el INTA de La Pampa y el INTA de Malargüe”, recordó. Desde entonces, se fueron sucediendo instancias de formación cada tres meses, con propuestas que abordan tanto el aspecto técnico del tejido como una mirada integral sobre el futuro de la actividad.

Los talleres combinan saberes ancestrales, capacitación técnica y herramientas para la comercialización

“Las capacitaciones están divididas en dos partes”, explicó Di Pascua. Por un lado, se trabaja sobre el proceso textil en sí, comenzando por los tintes naturales y avanzando sobre la producción y el mejoramiento de la lana. “El mejoramiento de la lana empieza desde la oveja, con vacunas, control sanitario y una esquila adecuada para obtener una lana más limpia y pura”, señaló.

En ese punto, recordó uno de los talleres de esquila realizados el año pasado, que tuvo como particularidad que las capacitadoras fueron dos jóvenes de 14 años. “Son chicas que viven en el campo y que desde los 8 años esquilan. En tres minutos esquilan un animal completo y sacan un vellón perfecto”, relató, y subrayó que el enfoque de los encuentros no apunta a jerarquías, sino al intercambio. “No hablamos de que el que se para adelante sea el que más sabe, sino el que tiene su técnica y cuenta cómo le resulta”, afirmó.

La otra parte de las capacitaciones está orientada a la comercialización y la gestión. “Tratamos de tener una visión más de futuro y ponernos al tanto de la actualidad en todo lo que tiene que ver con venta, packaging, canales de comercialización y finanzas”, explicó. En ese camino, el año pasado contaron con el acompañamiento del Banco Nación. “Nos brindaron capacitación en finanzas, en prevención de estafas, en cómo vender productos y abrir cuentas que no generaran intereses”, detalló.

También participó la incubadora de empresas, que ofreció un taller de negocios, y profesionales que aportaron herramientas para el análisis de costos. “Vimos todos los procesos productivos para llegar a un costo que contemple la mano de obra que no se ve y el valor agregado del producto”, indicó, y remarcó la importancia de que ese precio sea justo tanto para la productora como para el comerciante.

Otro de los ejes que atraviesa el trabajo es el valor cultural de las referentes locales. Di Pascua destacó la figura de doña Elsita Roger, a quien definió como “un patrimonio vivo de la cultura de Malargüe”, por su trayectoria como criancera, tejedora, hilandera, cantora y bailarina. También mencionó a Mirta Muñoz, quien brindó un taller intensivo de fieltro agujado que atrajo a numerosos turistas. “Todo el que se arrimaba a mirar terminaba sentado haciendo fieltro”, contó, y destacó que muchos visitantes pudieron llevarse una pieza realizada por ellos mismos.

La problemática del precio de la lana fue otro de los puntos centrales de la charla. “La lana está devaluada por varios motivos”, afirmó Di Pascua, y explicó que en Malargüe la actividad lanera perdió peso en las últimas décadas. A eso se suman los altos costos de esquila, que en el departamento pueden llegar a 10.000 pesos por animal, frente a valores mucho menores en otras regiones. “Hay poca gente que esquila y, como no tiene competencia, pone el precio que puede”, explicó.

Además, señaló las dificultades logísticas para comercializar la lana desde zonas rurales alejadas. “Tenés que salvar distancias enormes, caminos de seis u ocho horas y un colectivo que pasa cada 15 días”, describió. Frente a ese escenario, destacó como un logro la organización colectiva de las tejedoras. “Se dio algo hermoso, que fue la necesidad de agruparse, unificar precios y tirar todas para el mismo lado”, celebró, y remarcó: “La gente organizada es lo más lindo que puede pasar”.

Respecto al uso de tecnología, Di Pascua aclaró que la mayoría continúa trabajando con telares primitivos. “No se cambian por amor a la herencia cultural”, sostuvo, y añadió que en los mercados artesanales “cuando un producto se tecnifica demasiado, pierde valor”. Si bien algunas utilizan ruecas a pedal y existe un solo caso de rueca eléctrica, muchas eligen mantener las técnicas tradicionales.

Antes de despedirse, Di Pascua invitó a seguir fortaleciendo estos espacios de intercambio. “Han participado de San Rafael, Alvear, Mendoza, San Luis y hasta de Rosario”, contó, y expresó su deseo de avanzar hacia una ruta provincial de tejedoras e hilanderas. “Tenemos que empezar a valorizar más nuestra cultura para no perderla”, concluyó.

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