El grupo de tejedoras rurales Telar Campesino, integrado por más de 20 mujeres crianceras de Punta del Agua y El Nihuil, continúa explorando la riqueza de la flora local para sumar nuevos colores naturales a sus tejidos artesanales.
La búsqueda, que combina tradición e innovación, sigue dando frutos gracias al uso de plantas autóctonas del secano del sur mendocino, muchas de las cuales crecen alrededor de sus propios hogares.

«Seguimos descubriendo colores de la naturaleza», contaron recientemente las artesanas, quienes trabajan en conjunto con el INTA Rama Caída desde 2021, año en que formalizaron su proyecto colectivo.
Desde entonces, no solo han producido ponchos, morrales y caminos de mesa con lana de oveja, sino que además han puesto en valor técnicas de teñido ancestral que reflejan el monte y la cultura campesina de la región.
TINTES QUE NACEN DEL TERRITORIO
Algunos sus tintes provenían de plantas tradicionales como la jarilla, el piquillín y el albaricoquillo, cuyos colores se fijan mediante hervidos con bicarbonato y otros métodos caseros.

Hoy, el desafío se renueva: zampa, lavanda, eucalipto, raíz de albaricoque y vidriera son algunas de las nuevas especies que las tejedoras están utilizando para lograr nuevas tonalidades que amplían la paleta de sus tejidos.
El color no es solo una cuestión estética, sino parte del relato de cada prenda. Cada hebra teñida artesanalmente habla del entorno, de las estaciones del año y del conocimiento transmitido de generación en generación.
TEJER EL MONTE, TEJER FUTURO
Lo que distingue al Telar Campesino no es solo la calidad de sus piezas, sino el profundo vínculo con el paisaje del sur mendocino.
En un contexto donde muchas tradiciones se ven amenazadas, este colectivo de mujeres se posiciona como guardianas del saber rural, apostando a una producción sostenible, con identidad, y profundamente arraigada en su territorio.







