Las negociaciones paritarias entre la Federación de Obreros y Empleados Vitivinícolas y Afines (FOEVA), las cámaras empresarias del sector y la Secretaría de Trabajo de la Nación ingresaron en una etapa de alta tensión. Frente a la propuesta inicial del gremio de un incremento del 2,5 % mensual para el período comprendido entre septiembre de 2026 y febrero de 2027, el sector patronal respondió con una oferta del 1,3 %, calificada de «miseria» por la dirigencia sindical. Como muestra de buena fe para destrabar la negociación, FOEVA reformuló su pedido a un 4,8 % bimestral (un 2,4 % mensual). Sin embargo, la discusión enfrenta un doble escollo: la intransigencia del empresariado y el pautado oficial del gobierno nacional, que advirtió que solo homologará acuerdos que no superen el 1,7 % mensual. En diálogo con FM Vos (94.5), Abraham Pereira, secretario de Viña y Producción de FOEVA a nivel nacional, detalló los números reales de los salarios básicos en fincas y bodegas, criticó la distorsión del mercado provocada por la concentración corporativa y ratificó la postura del gremio ante el Ministerio de Capital Humano.
La negociación paritaria: de las propuestas bimestrales al freno impositivo del Estado
Las reuniones para definir la recomposición salarial de los dos convenios colectivos de trabajo del sector (obreros de viña y empleados de bodega) comenzaron a fines de agosto con la participación de las cámaras patronales y funcionarios nacionales. «A fines de agosto comenzamos las paritarias con las cámaras empresarias y el Estado Nacional a través del Ministerio de Capital Humano para hacerlo totalmente oficial. Arrancamos desde la Federación pidiendo un 2,5 % mensual para el período que comprende desde septiembre de este año hasta febrero de 2027. Las cámaras pidieron un cuarto intermedio y nos trajeron como respuesta que no pueden dar más del 1,3 % mensual, prácticamente la mitad de lo que estábamos reclamando», comentó Abraham Pereira al inicio de la nota.
«Hablar de esos porcentajes en pesos reales representa muy poco para el bolsillo del trabajador. Para demostrar buena fe y seguir negociando punto por punto, FOEVA hizo una contraoferta y solicitó un 4,8 % bimestral para el mismo período, lo que da un 2,4 % mensual. Con la modalidad bimestral se le da un respiro y oxígeno a las empresas para que puedan abonar cada dos meses el aumento que estamos solicitando», expuso.
«A la negativa empresarial se le suma la intervención del Estado Nacional, que pone un tope para las paritarias a los efectos homologatorios, lo cual es un terrible inconveniente. En la primera reunión el Gobierno dijo que podíamos acordar lo que quisiéramos, pero que a fines de homologación el máximo era del 1,7 % mensual. Es gravísimo porque el Estado impone reglas en una paritaria que debería ser exclusiva entre la parte empresarial y la gremial», apuntó.
«En el acuerdo anterior negociamos con las cámaras un aumento superior a la pauta oficial y el Estado no lo homologó, pero tampoco homologó hasta el punto de que ellos fijaron; hoy no tenemos homologado ese acuerdo. Por eso, primero tenemos que abrirle el corazón a las cámaras para que entiendan nuestro pedido y después ir a Buenos Aires a pelear contra esta pauta ridícula. Un 1,7 % no es lo mismo para un bancario que para un obrero de viña, cuyos sueldos están muy bajos», comparó.

La radiografía salarial: los ingresos reales en bodega y viña
Para ilustrar la urgencia de la recomposición salarial, el dirigente sindical desglosó la conformación de los haberes de los trabajadores vitivinícolas que recién ingresan a la actividad, diferenciando el sueldo básico de los ítems no remunerativos y los adicionales por refrigerio. «El sueldo básico de un obrero de bodega que recién entra a trabajar es de 570.383 pesos. A eso hay que sumarle un no remunerativo de 188.978 pesos y un refrigerio de 192.799 pesos, lo que da un total de 952.140 pesos para el trabajador de bodega», especificó Pereira.
“Por otro lado, el obrero de viña está por debajo de eso: tiene un básico de 463.493 pesos, más un refrigerio de 158.016 pesos y un no remunerativo de 198.202 pesos, lo que da un total cercano a los 820.000 pesos», detalló.
«Las cifras no son de las mejores. Encima, todo esto que estoy nombrando —básico, no remunerativo y refrigerio— no se contempla completo al negociar: cuando se habla del porcentaje para el aumento, se calcula basándose únicamente en el básico y no en el total que cobra el trabajador», manifestó.
Diagnóstico del sector: caída del consumo, disparidad y concentración de mercado
Respecto de la situación por la que atraviesa la industria en Mendoza y el país, Pereira reconoció la caída generalizada del consumo interno y de las exportaciones, aunque enfatizó que la dinámica de despacho dentro de las plantas procesadoras continúa activa. Asimismo, apuntó a la concentración del mercado como el verdadero problema estructural de las bodegas pyme. “Al recorrer fincas y bodegas entendemos que la actualidad de la actividad vitivinícola es mala: ha caído el consumo interno, cayeron las exportaciones y el sector viene en picada. Pero también vemos la actividad diaria: en este momento en cualquier bodega se ve el movimiento de tanques y la cantidad de camiones que salen. Eso lo compruebo en persona cuando realizamos medidas de fuerza o asambleas de 10 o 15 días en los lugares de trabajo», aseguró.
«La realidad es dispar: hay empresas que están sufriendo mucho y otras con mejor pasar. Pero este escenario es el resultado de haber hecho las cosas mal durante años. En Mendoza hay tres o cuatro empresas importantes que han monopolizado el mercado vitivinícola; son las que imponen cuánto se le paga al trabajador, cuánto se le paga al productor y cuánto se le paga a las bodegas más chicas», coincidió.
«Las bodegas pequeñas se han dejado financiar por estas grandes concentradoras y hoy tienen un presente vertiginoso en sus ingresos. Pero los errores de mercadotecnia o el estilo de comercialización que adoptaron las empresas no lo tienen por qué pagar los trabajadores. Cuando a estas bodegas les fue bien jamás se acordaron de los obreros; siempre tuvimos que remar por detrás de la inflación. Cuando logramos que el salario superara la canasta básica familiar, a los pocos años volvieron a negarnos los aumentos y recaímos en sueldos extremadamente bajos», denunció al cierre de la charla.


