Teodanza

Por Padre José Ceschi

Hace varias décadas -luego del Concilio Vaticano ll- hubo algo así como una «explosión» litúrgica de experiencias nuevas. El Concilio había estimulado la celebración de la liturgia en lengua vernácula; es decir, la que habla cada país o región. Lo que la mayoría de los buenos padres conciliares no pensaron era que lenguaje no es solamente el habla, sino también los gestos, los silencios, el movimiento del cuerpo, incluyendo el baile. Digo la mayoría, porque los obispos del África bien lo sabían.
Y fue justamente mirando un hermoso documental africano que me sorprendió una escena: bellas monjitas negras ataviadas con sus hábitos religiosos, presentando en la liturgia las ofrendas de pan y vino junto a otros productos de la tierra y del trabajo humano. Lo llamativo es que las simpáticas monjitas, contrastando sus sonrisas blancas con el oscuro de su piel, llevaban las ofrendas hacia el altar… mientras danzaban al ritmo de tambores y con el fondo musical acorde.
Aún siendo entonces yo bastante joven, debo confesar que la «movida» no me pareció «ubicada». Hay otros lugares para bailes, pensaba entonces, olvidando que la danza forma parte esencial de la cultura africana. Lo curioso es que ahora, transitando el otoño de la vida, tengo totalmente rehabilitada aquella imagen documental. Me parece excelente que cada cultura exprese su liturgia de acuerdo a sus valores culturales.
Tal vez a más de uno le habrá llamado la atención el título de esta nota: Teodanza. ¿Qué significa? Estamos hablando de un nuevo modo de rezar entre nosotros. Etimológicamente, la primera parte de esta palabra compuesta, «teo», viene del griego»theos», que significa justamente Dios. A lo que se agrega «danza». Tiene que ver con ejercicios de relación y respiración. La creadora de la palabra Teodanza, María Bertani, dijo en un reportaje; «Esto no es una experiencia cultural, sino una aplicación espiritual de las formas artísticas. Generalmente nuestra religiosidad queda en la cabeza; con la danza, en cambio, salen todas las emociones. Es un proceso de sanación y aceptación de uno mismo».
Bienvenidas las formas nuevas de plegaria, si ellas contribuyen a un mejor acercamiento a Dios y a los hermanos.

¡Hasta el domingo!