Tinelli como respuesta a la política tradicional

Marcelo Tinelli y el exministro de Economía Roberto Lavagna almorzaron ayer en Buenos Aires con el objetivo –según dijeron desde sus entornos– de “conversar sobre política y la situación del país”. Las especulaciones periodísticas, sin embargo, vieron en el mitin un apoyo del conductor televisivo a una eventual candidatura presidencial del economista y, aunque Tinelli lo niegue consecuentemente, el desembarco del propio comunicador en las arenas políticas prácticas.
De concretarse una candidatura en esta u otras elecciones, Tinelli se convertiría en un nuevo caso de los “outsiders” que buscan ocupar lugares en la función pública y lograr ese objetivo mediante una popularidad forjada fuera de las estructuras partidarias tradicionales.
El fenómeno de los “forasteros políticos” está basado, muy probablemente, en el enojo, la decepción y, sobre todo, la desconfianza que el electorado ha construido para con los partidos tradicionales y sus representantes, muchas veces repetidos. Esto es, los “indignados” de la política tal y como la conocemos hasta ahora –que cada día son más– son la piedra basal de un eventual éxito para quienes vienen desde afuera de ella.
En un país donde la clase dirigente (de todos los partidos) no puede brindar las respuestas necesarias ante su deficiente tarea a la hora de cumplir el objetivo final de la política, que es el bien común, el electorado parece abrirle la puerta a estos foráneos que son vistos como personas no contaminadas con los vicios e incapacidades de los políticos “del palo”.
Más allá de esta lógica, válida ante la palmaria realidad, las generalizaciones parecen injustas. Así como existen dirigentes buenos y malos, decentes y corruptos, aptos e ineptos dentro de los partidos políticos, igual sucede con los “outsiders”. De hecho, en otros puntos del planeta existen ejemplos de que todo es posible. Sin embargo, la discusión deja algo en claro: la necesidad popular de depositar su mandato de confianza en alguien que lo represente fielmente y que cumpla sus expectativas porque, hasta aquí, ello no ha ocurrido.