Trabajadores pobres: una injusticia nacional

Cada vez más trabajadores que están formalmente registrados caen debajo de la línea de la pobreza. Se estima que al menos uno de cada tres empleados legales padece esa degradación. Es el resultado -novedoso- de un país que exhibe indicadores de recuperación del empleo y al mismo tiempo mayor cantidad de pobres.
La pobreza básicamente es la consecuencia de la marginación del mercado de trabajo, es decir, es el resultado de la imposibilidad de contar con ingresos genuinos de manera permanente que permitan satisfacer las necesidades esenciales. En la Argentina de estos días se ha galvanizado una vergonzante tendencia: aun con trabajo no se puede escapar de la pobreza.
El drama es muy difícil de dimensionar en el segmento de los trabajadores informales, pero es claramente mensurable entre los que están en blanco. Por supuesto que esto también abarca a jubilados y pensionados, unos cinco millones de abuelos que cobran el salario mínimo.
En definitiva es una realidad incontrastable el hecho de que el empleo no asegura prosperidad. Por muy lamentable que resulte esta afirmación, las estadísticas oficiales en la Argentina certifican que trabajo, productividad, realización y prosperidad no es una cadena unida por los mismos eslabones.
Con tasas de empleo global recuperándose tras la pandemia de covid-19 y que alcanzan máximos históricos, hoy hay menos personas en edad de trabajar inactivas que antes de la crisis y las horas promedio trabajadas por persona empleada están por encima de los niveles previos al 2020. Sin embargo, cada vez somos más los pobres y más pobres.
El fenómeno puede obedecer a diversas causas y cada especialista tendrá su evaluación al respecto. En lo que no debería haber discusión es que dicha problemática deberá ser abordada de manera urgente por quienes tomen el comando del país a partir de diciembre. Caso contrario, una de las grandes injusticias que observa nuestra nación seguirá gozando de buena salud y perjudicando cada día a más argentinos.