Hace un tiempo, nuestro diario daba cuenta del trabajo conjunto que llevan adelante el INTA Rama Caída y otros organismos estatales en el marco de un proyecto de zonificación agroproductiva del Oasis Sur de Mendoza, que abarca las áreas irrigadas por los ríos Atuel y Diamante.
La iniciativa tiene como objetivo principal brindar una herramienta técnica que permita identificar el potencial productivo de distintos cultivos en la región, aportando información clave para la toma de decisiones de productores e inversores.
En una primera etapa, el foco está puesto en el cultivo de pistacho, una producción que registra un crecimiento sostenido a nivel nacional e internacional, impulsada por la demanda del mercado y su alto valor agregado. Este interés ha despertado expectativas en el Sur mendocino, que históricamente se caracterizó por una agricultura diversificada basada en la fruticultura y la vitivinicultura.
Sin embargo, en los últimos años algunos de estos sectores muestran signos de estancamiento o retroceso. Cultivos tradicionales como la uva, el durazno y la pera registraron una fuerte reducción de hectáreas implantadas, mientras que la ciruela continúa siendo una de las principales actividades productivas de la zona.

El descenso del consumo y la disminución de superficies cultivadas han llevado a explorar alternativas productivas que permitan diversificar la matriz agrícola y generar nuevas oportunidades económicas. En ese contexto, además del pistacho, surgieron otros cultivos que despertaron el interés de los productores locales.
VARIEDADES EN LA MIRA
Entre ellos se destacan las trufas, hongos subterráneos de alto valor gastronómico, reconocidos por su aroma intenso y su uso en la alta cocina. Estas crecen en simbiosis con las raíces de árboles como robles y encinas. En San Rafael existieron algunos intentos de desarrollo, aunque hasta el momento no lograron consolidarse.
También aparecen los frutos rojos —frambuesas, arándanos, moras, fresas, grosellas y cerezas— que cuentan con experiencias productivas de pequeña escala en la región, algunas de las cuales continúan activas y comercializando su producción.
Con este escenario, el trabajo de zonificación resulta clave para determinar la viabilidad técnica y productiva de avanzar hacia emprendimientos de mayor escala, evaluando condiciones de suelo, clima y disponibilidad hídrica. El objetivo final es sentar las bases para una reconversión productiva sustentable que permita fortalecer el desarrollo agropecuario del Sur mendocino.







