El movimiento turístico del reciente fin de semana largo dejó saldos positivos en volumen de viajeros, pero encendió señales de alerta en la capacidad de gasto de las familias argentinas. Según el relevamiento de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), la tendencia hacia viajes más cortos y frecuentes se consolida en un contexto económico complejo. Gregorio Werchow, secretario de Turismo de la entidad, analizó para FM Vos 94.5 las estadísticas que marcan un cambio de era en la forma de vacacionar en el país.
Pese a la incertidumbre económica, el deseo de viajar prevaleció. Las cifras oficiales de la CAME muestran un crecimiento en la cantidad de personas movilizadas en comparación con el año anterior, aunque el desembolso real sufrió una contracción.
«Hemos realizado un relevamiento como todos los fines de semana y nos dio que 2.800.000 personas se movilizaron turísticamente, lo que representa casi un 6 % superior al año anterior. Sin embargo, notamos una característica central: la cantidad de gente aumentó, pero el promedio de pernoctación bajó y también el promedio de gasto a valor actualizado. El gasto diario por persona nos dio unos 110.000 pesos en promedio para todos los conceptos. Es un impacto económico para las economías regionales de 800.000 millones de pesos, una cifra que para esta época no es menor», examinó Werchow al inicio del reportaje.
El análisis del «turismo gasolero»
La adaptación al bolsillo actual ha transformado las escapadas en viajes de cercanía y consumos medidos, consolidando lo que en el sector ya se define como una tendencia de «turismo gasolero». Para Werchow, esta actitud de los viajeros es una respuesta lógica al contexto económico, donde la prioridad es mantener el hábito de viajar, pero ajustando estrictamente el presupuesto.
Un dato central del relevamiento es la caída del gasto real. «Si comparamos los 110.000 pesos diarios por persona con la Semana Santa del año pasado y aplicamos el índice corrector inflacionario para hablar a valores constantes, nos encontramos con una baja real del gasto de aproximadamente un 16 %», explicó el secretario de Turismo. Esta cifra refleja que, aunque la gente viaja, el consumo en gastronomía, recreación y compras se ha reducido significativamente.
La nueva realidad ha forzado la consolidación de nuevos formatos de vacacionar, alejados de las tradicionales estadías prolongadas. «Cambió totalmente la forma de viajar. Hace 10 o 15 años se veraneaba todo enero o todo febrero; ahora los periodos son cortos, de poca distancia y de pocos días, pero distribuidos varias veces al año. Por eso es por lo que los ocho fines de semana largos del calendario se han vuelto vitales para sostener la actividad», remarcó.
Por otra parte, el referente de la entidad destacó el acumulado anual como una muestra de la resiliencia del sector frente a la crisis. «En los tres fines de semana largos que llevamos en este año —en un lapso de menos de 60 días— ya se movilizaron 7.800.000 personas. Esto generó un impacto económico total de 2 billones de pesos en las provincias», aseveró, subrayando que el turismo sigue siendo un motor económico fundamental.

Mendoza y los destinos consolidados
En este escenario de austeridad, la región de Cuyo logró sostener niveles de ocupación competitivos, beneficiada por su posicionamiento histórico y la aparición de nuevas propuestas. «Los dos fines de semana más importantes del año son Carnaval y Semana Santa. En esta oportunidad, no solo han trabajado los destinos consolidados como Bariloche, la Costa Atlántica, Iguazú o Mendoza, que trabajó muy bien, sino que también vimos movimiento en los destinos emergentes», comentó el secretario de Turismo de CAME.
«Es una buena señal para la diversificación del mapa turístico nacional, aunque el gasto varíe mucho según la zona: en la Patagonia el promedio diario es casi el doble de los 110.000 pesos, mientras que en el Norte es bastante inferior», comparó.
Factores externos: clima y tipo de cambio
Existen variables que la industria turística no puede controlar, pero que definen el éxito o el fracaso de una temporada de escapadas cortas. Estos factores externos obligan a los prestadores de servicios a mantener una estructura flexible frente a una demanda volátil. Uno de los mayores desafíos actuales es la decisión de último momento, ligada al pronóstico meteorológico. «La variable climática es hoy fundamental. La gente decide su viaje sobre la hora: si el clima está lindo, nos largamos; si está feo, nos quedamos en casa», graficó el entrevistado.
«Esto le resta muchísima previsibilidad al sector hotelero y gastronómico, que a veces debe lidiar con cancelaciones o aluviones de turistas que no estaban en los registros de reserva», continuó. Por otro lado, la competencia del exterior ha vuelto a jugar un rol determinante. «El factor cambiario es el otro gran condicionante exógeno. Hoy existe una facilidad y conveniencia de precios para que la gente pueda salir tanto a los países vecinos como al exterior. Esto, indudablemente, afecta de forma directa y le resta un volumen considerable al movimiento interno de nuestro país», observó Werchow.
El pulso de las economías regionales
Según la CAME, el turismo ha dejado de ser una actividad de lujo para convertirse en un motor dinamizador de las pequeñas y medianas empresas en todo el territorio. «La opción de la gente hoy es seguir viajando, pero siendo mucho más prudentes en el nivel del gasto. Es un reflejo de lo que nos pasa en la vida diaria a todos los argentinos. El desafío para las pymes turísticas es adaptarse a este viajero que busca calidad, pero cuida el presupuesto», sostuvo Werchow.
«A pesar de la caída real en el consumo, que la gente se siga movilizando es el combustible que mantiene vivas a las economías regionales en un momento donde cada peso cuenta», completó.







