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martes 29, de noviembre , 2022

Turquía e Irán intercambian protestas y duros mensajes

Hace pocos días, un abierto intercambio de protestas y mensajes duros cursados entre Turquía e Irán mostró, una vez más, que las relaciones entre ambos países están hoy caracterizadas por lo que luce como una preocupante etapa de deterioro. Lo que es ciertamente grave, puesto que los liderazgos políticos de ambas naciones apuntan a ser considerados como voceros de dos pretendidas «potencias hegemónicas regionales».

Desde Ankara apareció un mensaje que denunció el presunto lenguaje «ofensivo» utilizado desde Teherán, refiriéndose a la sugestiva lectura pública por parte del actual líder turco de un poema en el que se argumenta que la soberanía sobre las provincias del noroeste de Irán -en las que, en la cercanía del río Aras, vive una importante minoría azerí- correspondería a Azerbaiyán, hoy aliada y protegida militar de Turquía.

Esa controvertida poesía es, en rigor, uno de los símbolos de lo que algunos llaman ya, gráficamente, el fenómeno separatista del nuevo pan-turquismo u otomanismo asertivo, conceptos -ambos- que se explican por sí mismos.

La situación preocupa porque, pese a que Irán y Turquía han aumentado sensiblemente sus vínculos comerciales y culturales, las dos naciones hoy compiten por alcanzar el liderazgo en el rincón islámico del mundo en el que ambas naciones están geográficamente ubicadas.

Y porque sus dos liderazgos tienen un perfil intransigente y hasta aventurero, cuando de sus relaciones con el resto del mundo se trata. Lo que sugiere la posibilidad de choques y rispideces, como los que recientemente parecen haberse hecho evidentes. A lo que cabe agregar la consabida endeblez de la economía turca, cuya moneda, la libra, ha perdido nada menos que un 30% de su valor en lo que va del año 2020.

DESAFIANTE

El presidente turco acaba de visitar a Baku, la capital de Azerbaiyán, para asistir allí -como invitado especial- a un enorme, entusiasta y casi desafiante desfile militar celebratorio del reciente triunfo militar azerí en el conflicto que afecta a Nagorno-Karabaj, obtenido con el apoyo militar ostensible de Turquía, en la que ha sido una aventura exterior más del siempre desafiante Recep Tayyip Erdogan, esta vez exitosa.

El gobierno iraní, al enterarse de lo sucedido, convocó sin pérdida alguna de tiempo al embajador turco en Teherán para formular ante el mismo la que fuera una dura queja por una actitud a la que, sin disimulo alguno, calificó de «»inaceptable»». La respuesta turca fue tajante, la queja iraní -sostuvo- «no tiene fundamento alguno».

Doble portazo, entonces, lo que está lejos del ideal diplomático. Especialmente puesto que Turquía aprovechó la oportunidad para además señalar enfáticamente que la queja iraní había sido «ofensiva» y había utilizado la mención a la poesía antes aludida «deliberadamente fuera de contexto». Lo que, agregó, había «desilusionado» profundamente al gobierno turco. Ninguna de las partes, queda visto, intentó bajar la presión del confuso episodio que, de pronto, gatillara el intercambio de las fuertes protestas.

Mientras tanto, en Irán se ejecutaba al conductor (desde el año 2015) de la cadena de noticias denominada Amadnews: Rouhollah Zam, quien fuera condenado a la pena capital por su presunto papel organizativo de las protestas que estallaron en Irán en el invierno del 2017-2018, tildándolo de «contra-revolucionario». Su condena acababa de ser confirmada por la Corte Suprema iraní.

Rouhollah Zam, que tenía 47 años, había estado viviendo como exiliado en Francia, desde donde viajó a Irak, aparentemente engañado, país en el que habría sido aprehendido por elementos de los Guardias Revolucionarios iraníes, que lo trasladaron desde allí a Irán, en medio de circunstancias que no son para nada claras. Unas veinticinco personas ya habían sido bárbaramente ejecutadas por Irán, exactamente por el mismo motivo aparente.

EJECUCIONES

Irán es, recordemos, uno de los países del mundo que, después de China, más asiduamente recurre a aplicar la pena de muerte en el mundo de hoy a sus propios ciudadanos, lo que, siendo una teocracia y estando cuidadosamente gobernado por los clérigos islámicos de la variante shiita, parecería ser toda una contradicción, muy difícil de explicar racionalmente.

En el año 2019 tan sólo, estas ejecuciones capitales alcanzaron la elevada cifra testimonial de 251 personas que fueron muertas por los esbirros especializados del Estado iraní.

La total ausencia de libertad de expresión -y de prensa- que existe en hoy Irán surge muy evidente de la condenable ejecución del aludido disidente Rouhollah Zam, en un acto de barbarie que no puede silenciarse por el horror inhumano que el mismo evidencia y transmite.

El mismo ayatollah Ali Khamenei, que es el actual resbaladizo Jefe Supremo de Irán, además de ser el dueño verdadero de ese antiguo país, se mantuvo en una actitud de indignante silencio frente a este penoso tema, que siguió a la ejecución -en septiembre pasado- de Navid Afkari, otro joven periodista mártir iraní y reconocido atleta en el rubro de la lucha libre, cuya muerte fuera condenada desde los más variados rincones del mundo entero.

Paradójicamente, el martirizado Rouhollah Zam era hijo de un clérigo shiita. Su activa página electrónica era seguida constantemente por nada menos que un millón y medio de personas, lo que evidentemente preocupaba al duro gobierno clerical iraní.

Luego de su arresto, los servicios secretos iraníes continuaron utilizando, ellos mismos, la página electrónica de Zam, para así desprestigiarlo y denostarlo constantemente por un largo rato, antes de -como era de esperar- decidir darle una horrible muerte en la horca.

Para los franceses en particular, por su histórica y profunda relación cultural con Irán, la muerte del mencionado Zam, al que habían concedido expresamente asilo político, resultó un golpe difícil de absorber. Había sido acusado del crimen de «hacer la guerra a Dios», delito definido por hombres crueles, presuntamente religiosos, que poco y nada tienen que ver con la divinidad.

UNA AMENAZA

Por todo lo antedicho, las renovadas rispideces que han aparecido entre Turquía e Irán deben ser seguidas muy de cerca, desde que ninguno de los dos países puede hoy ser considerado como una nación confiable, toda vez que ambos tienen gobiernos que, por distintos motivos, son peligrosamente belicosos y, por ello, objeto de preocupaciones y desconfianzas razonables. Sus constantes y desequilibrantes presencias en el escenario internacional son -en distintas medidas, es cierto- una amenaza para la paz y seguridad del mundo entero.

Curiosamente, Turquía (y no precisamente por obra de la casualidad) ha sido sancionada económicamente por muchos de los países más importantes del mundo. Hasta por la misma Federación Rusa. Su imagen hoy transmite desconfianza, instantáneamente. Pese a ser, desde hace rato ya, miembro de la OTAN. Fundamentalmente, por la atmósfera hostil en la que ese país opera con demasiada frecuencia, en un andar que luce como una innecesaria confrontación permanente con las naciones de Occidente. Y que, por ello, genera cada vez más desconfianza externa.

* Ex embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas.

Fuente: La Prensa

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