Un Día del Amigo que requiere de la conciencia ciudadana

El de hoy es un día especial para los argentinos. Y es que, más allá de discusiones filosóficas acerca de la naturaleza y origen de la celebración, el “Día del Amigo” es una de las fechas que socialmente más esperamos y protagonizamos en nuestro país.
La palabra “amigo” es de procedencia latina en “amīcus” (que en latín arcaico fue “ameicus”, “amecus”), que a su vez es una variante del verbo “amare”, que en definitiva significa “amar”. Esa particular y profunda forma de amar a nuestras amistades es una característica distintiva de la sociedad argentina en general.
Este año, al igual que en 2020 debido a la pandemia de Covid-19 y las medidas dispuestas por las autoridades para evitar los contagios masivos, la conmemoración de la fecha (una idea de otro argentino, Enrique Febbraro) volverá a ser especial: las reuniones sociales en casas particulares deberán estar acotadas a 10 personas y los concurrentes a cualquier reunión deberán observar las restricciones horarias para retornar a sus hogares.
Las autoridades políticas provinciales han dispuesto desde el comienzo del último fin de semana una serie de controles para evitar encuentros que no respeten la norma. Sin embargo, los hechos han demostrado que en una parte importante del territorio provincial las medidas no han sido demasiado respetadas: la desarticulación de varias fiestas clandestinas y la gran cantidad de conductores descubiertos con una altísima graduación alcohólica en sangre, demuestran que hay muchos mendocinos que aún no toman conciencia de su aporte comunitario.
La pandemia no ha pasado, las reuniones masivas pueden seguir generando peligrosos rebrotes de la enfermedad. Pero, además, debemos comprender que una celebración como la de hoy no puede ser motivo para el descontrol puesto que –a la vista está– los resultados de varias de nuestras conductas suelen ser dañosos, cuando no trágicos. Ojalá mañana debamos hablar de un Día del Amigo feliz y no estar obligados a dar malas noticias.