Hasta hace un tiempo, el “Día del Niño” era una fecha clave, para chicos y para grandes. Los empresarios la utilizaban para incrementar sus ventas y los chicos celebraban una jornada de alegría única.
Sin embargo, el correr de los años y algunos datos de la realidad objetiva nos muestran la difícil actualidad de la niñez argentina. Con índices de pobreza angustiosamente altos, con un sistema educativo que se empeña -con escasos recursos y políticas no siempre eficientes- en mejorar un nivel de formación aunque con pocos resultados visibles, y hasta con los peligros propios de una sociedad como la actual (los niños son víctimas centrales de la violencia, los abusos sexuales, etc.), se podría concluir que no es fácil hoy ser un pibe o una piba en la Argentina.
Claro, ejemplos de chicos que desarrollan su inteligencia convenientemente, que tienen oportunidades para ser felices o que van a convertirse en hombres y mujeres de bien abundan, pero pocos podrán negar lógicamente que éste es un momento de crisis para los adultos y que eso indefendiblemente derrama sus peores consecuencias en quienes, por su edad, no pueden defenderse ni tienen la capacidad resolutoria de los mayores.
La recesión actual ha hecho que, asimismo, la fecha no haya sido favorable ni mucho menos para quienes apostaban a esta fecha como un salvavidas dentro de la depresión económica. La ventas de artículos relacionados con el Día del Niño cayeron en cantidad y en valor.
El proceso, obviamente, no es actual sino que es el resultado de décadas de desaciertos. Importante será que las políticas públicas y la sociedad civil volvamos a darle la importancia y las oportunidades de desarrollo a quienes, en definitiva, son el futuro de nuestra nación.
Muchos de nosotros recordamos esa inaugural etapa de nuestra existencia con alegría, con padres que pudieron prepararnos o hacernos preparar para recorrer el sinuoso camino de la vida. Hoy, en cambio, son muchos los niños –y los grandes- que recordaran estos años como muy difíciles.




