Un diciembre con la vista puesta en la esperanza

En la política argentina hay una especial mirada hacia el mes de diciembre. En varios momentos de nuestra historia, el último mes del año ha deparado situaciones de movilización social y dirigencial, pero en el caso de este diciembre 2019 que ya transitamos, la mayoría de los argentinos lo observamos con un sentimiento que es mezcla de esperanza y necesidad por comenzar a abandonar el enésimo momento crítico que atraviesa nuestro país.
En ese sentido, el cambio de mando a nivel nacional es, por naturaleza propia de lo novedoso y desconocido, uno de los motivos que lleva a encender esa llama de esperanza, aunque –claro está– después los hechos demostrarán si ese fuego se mantiene vivo con la consecución de los objetivos planteados o si las decisiones de los dirigentes lo llevan a su extinción.
El filósofo judío holandés Baruch Spinoza decía que no hay esperanza sin miedo ni miedo sin esperanza y que “quien espera teme ser decepcionado, mientras que quien teme espera ser tranquilizado”. En ese territorio ambiguo florece y habita la esperanza que, a diferencia del optimismo, no da nada por sentado, no augura siempre un porvenir venturoso.
La esperanza empieza por el reconocimiento, a menudo doloroso, de que algo o todo está mal, de que la oscuridad prevalece sobre la luz, de que el dolor se está imponiendo a la alegría y el desasosiego a las certezas. Es desde allí que el esperanzado piensa y siente que es necesario hacer algo, que nada mejorará por sí solo, como sí piensa el optimista. En la esperanza, dice el crítico inglés Terry Eagleton, hay una trama que liga al presente con el futuro. Pero esa trama debe ser escrita: el final de la historia no se producirá por arte de magia, ni hay garantía de un final feliz. Y solo puede escribir esa historia, con actitudes, con elecciones, con decisiones, no con meras palabras, quien exhibe esperanza. Allí parece estar la clave: debemos mirar el futuro con esperanza pero sabiendo que todo depende de lo que nosotros hagamos. Para bien o para mal.