Un excombatiente de Malvinas y un ex general inglés nominados al Premio Nobel de la Paz

El Consejo Superior de la Universidad Nacional de Mar del Plata, encomendó al rector Alfredo Lazzeretti llevar a cabo la postulación del ex combatiente de Malvinas Julio Aro y al ex general inglés Geoffrey Cardozo, quien también participó en la contienda por parte de los británicos, al premio Nobel de la Paz, propuesta que fue aceptada por el Comité Noruego del Nobel. Es que ambos trabajaron juntos para ubicar e identificar los restos mortales de los combatientes argentinos enterrados en el cementerio de Darwin, en las Islas Malvinas.
En diálogo con FM Vos (94.5) y con Diario San Rafael, Julio Aro expresó que si bien “el Premio Nobel debería llamar ‘el premio del amor que trae mucha paz’, y que de hecho, ya lo hemos ganado hace un par de años atrás, cuando pudimos lograr devolverle la identidad a 115 compañeros de esas 122 placas que decían la leyenda horrible ‘Soldado argentino sólo conocido por Dios’, porque volvieron a recuperar su nombre, su identidad, su rostro, su historia y hoy no solamente los conoce Dios, sino que los conoce el mundo”.
Recordó que el 2 de abril del 2008, quiso ir a Malvinas a “buscar a Julio”, porque “Julio había ido en el 82 y volvió otro Julio, un Julio totalmente distinto, con bronca, odio, rencor, con un montón de cosas que no podía entender”. Si bien ese año tuvo que ir con pasaporte, cosa que detestaba, pudo más el corazón que un papel. “Regresar a Malvinas me ayudó a curar, a sanar, a entender, a comprender. Al regresar a las Islas en búsqueda de ese Julio, puede saber la cantidad de huesos que tenemos, la cantidad de sangre que producimos, pero no la cantidad de lágrimas que tenemos, porque no paré de llorar en toda esa semana. En esa búsqueda de ese Julio, fui a buscar a compañeros que habíamos enterrado en diferentes lugares, no los encontré, y en el cementerio de Darwin encontré a Ochoa y Aguilar, dos oficiales que murieron al lado mío, y buscaba al resto de compañeros del Regimiento 6, pero no los encontré. Nos pusimos a ver por qué no los habíamos encontrado y fue porque a ellos también les saltaron las chapitas identificatorias como a nosotros (si a mí me hubiera tocado quedar, habría sido uno de ellos)”, aseguró y añadió que ese mismo año inició el trayecto “Identidad compartida”, para ir a Londres a buscar respuestas. “Ese proyecto era colocar una mamá de un soldado argentino, con la mamá de un soldado inglés, ambas con sus hijos muertos y preguntarles quién había ganado la guerra. Y la verdad es que las dos perdieron la guerra porque perdieron su ser más preciado”, destacó.
Al participar de conferencias siempre contaba la bronca que le daba la situación en Malvinas, el no saber quiénes estaban enterrados en cada tumba de Darwin. Pero debido a que no sabe inglés, en esas conferencias debía ser acompañado por un traductor, habiéndole tocado un día el ex general inglés Geoffrey Cardozo, quien al escuchar aquello de su enojo, se agarró de la pera, se hizo para atrás y quedó pensativo. Pasaron los días y en la última jornada, los excombatientes británicos les contaron que no tenían contacto con los gobiernos y que era muy bueno que existiera esta ONG. Les entregaron un sobre escrito en inglés, donde había fotos, coordenadas, el cementerio de Darwin dibujado. Ya en Argentina, tradujeron ese documento, que informaba que debajo de cada cruz, había un cuerpo en un cajón con todas las pertenencias y con las coordenadas del lugar donde había sido encontrado. Con algunos de esos datos, lograron dar muy lentamente pero con mucho ímpetu, con familiares de caídos que a su vez, dieron sangre para comparar con los datos genéticos de quienes estaban enterrados en Malvinas, a fin de colocarles el nombre a cada uno y que esas madres pudieran finalmente llevar una flor a la tumba correcta. “De Geoffrey primero me dijeron que era mi enemigo, después pasó a ser mi traductor, luego parte de un equipo, pero la verdad es que ahora es parte de mi familia, porque el amor y el respeto con mis compañeros es digno de admirar”, destacó.
De 122 cuerpos, gracias a Julio Aro, Geoffrey Cardozo y a un gran equipo, 115 ya tienen sus nombres, y la idea es seguir buscando hasta hallar a las siete familias que restan. “Seguiremos, no vamos a aflojar hasta encontrar a las familias”, sostuvo y agregó que la intención que tienen es “malvinizar”, pues lo que buscan es no tener “olor a pólvora sino olor a rosas”.
Remarcó que los verdaderos ganadores del Nobel, son los compañeros que no volvieron y las madres que los parieron y que ahora saben dónde están los cuerpos de sus hijos.