Un joven murió ahogado en el canal de la avenida Deán Funes

El canal Cerrito, a la altura de Deán Funes al 1800, fue escenario de otro ahogamiento, cuya víctima resultó ser Néstor Joaquín Cortez Sosa, de 24 años, al que arrastró la corriente durante varios metros.
De acuerdo a la información oficial, la víctima se encontraba con familiares en la esquina de dicha avenida y Roca el viernes pasadas las 6 de la tarde, cuando notó que un menor a su cargo se precipitó al caudaloso cauce. Si bien el chico pudo ser extraído sano y salvo del curso de agua, quien se lanzó en principio a rescatarlo no pudo frenarse y pasó por debajo de un puente, donde un presunto golpe en la cabeza habría provocado su descompensación y el consecuente ahogamiento.
Según aportaron testigos a Diario San Rafael, un tío logró sacar el cuerpo del joven varios metros hacia el norte y aseguró que, en ese momento, todavía estaba con vida, por lo que realizó maniobras de resucitación cardiopulmonar (RCP). Lamentablemente, cuando llegó el Servicio de Emergencia Coordinado al lugar, el médico de turno constató el fallecimiento de quien había sido arrastrado por la corriente.
Se supo que el damnificado es un hombre con domicilio en Pueblo Quiroga, aunque al cierre de esta edición no trascendió el nombre.

Un problema sin solución
Días atrás, cuando informamos sobre la muerte por ahogamiento de dos hombres en menos de 48 horas en Villa Atuel, dimos cuenta de la problemática de los bañistas, flagelo que año a año sigue arrojando víctimas y no tiene solución.
Si bien en muchos casos le achacamos al Estado la falta de controles, en el caso de los bañistas la responsabilidad le cabe a los ciudadanos, ya que está legislada la prohibición de introducirse a canales de riego, ríos o lagos.
El índice de personas muertas por ahogamiento en cauces de riego o espejos de agua es alarmante en San Rafael y un problema que aflora cada verano, cuando el calor aprieta y muchas personas, negligentemente, eligen dichos espacios para mitigar las altas temperaturas.
Párrafo aparte merecen los bañistas que se introducen a canales de riego y, no conformes con esa acción que está prohibida, realizan tapones para embalsar el agua, lo que afecta a productores que abonan un derecho de riego y usan el agua de los cauces para sus cultivos y también provoca daños en carpetas asfálticas, entre otros problemas.