Desde Argentinos por la Educación analizaron el avance del uso de teléfonos móviles entre los niños y el debate sobre las restricciones en las escuelas. Advirtieron que la evidencia internacional aún no demuestra efectos contundentes de las prohibiciones sobre el rendimiento escolar, aunque sí existe una tendencia mundial hacia la regulación.
El uso de teléfonos celulares entre los niños continúa creciendo y abre un debate cada vez más presente en el ámbito educativo. Un informe elaborado por Argentinos por la Educación, junto con la investigadora del Conicet Andrea Boldini, reveló que en Mendoza 6 de cada 10 chicos de 8 años tienen un celular propio. El trabajo también analiza las regulaciones que existen en Argentina y otros países sobre el uso de estos dispositivos en las escuelas y qué resultados han mostrado hasta el momento.
El referente de Argentinos por la Educación, Martín Nistal, explicó a Diario San Rafael y FM Vos 94.5 que el objetivo del estudio fue conocer tanto la expansión del uso de celulares entre los niños como el estado de las políticas públicas vinculadas con su utilización en los establecimientos educativos. «Tratamos de entender cómo es el estado actual de las restricciones en el uso del celular en la escuela», señaló.
El informe analiza la evidencia científica disponible a nivel internacional y las distintas estrategias que vienen implementando diversos países para regular el uso de teléfonos móviles en el ámbito escolar. Nistal explicó que se trata de una discusión relativamente reciente y que gran parte de los estudios más importantes fueron publicados durante el último año o incluso en 2026, por lo que todavía no existe un consenso definitivo. «La evidencia internacional nos dice que cuando se prohíbe el celular, esa prohibición generalmente se hace efectiva», indicó.
Sin embargo, aclaró que los resultados sobre el impacto en el aprendizaje no son concluyentes. «En varios casos no hay mejoras en los aprendizajes cuando se prohíbe el teléfono», afirmó.
El especialista sostuvo que una cosa es que los gobiernos avancen con regulaciones para responder a una preocupación social y otra diferente es demostrar científicamente cuáles son los efectos concretos de esas medidas. «El mundo está yendo hacia la restricción y la regulación del uso de los teléfonos en las escuelas», expresó.
En ese sentido, destacó que Argentina no se encuentra rezagada respecto de esa tendencia internacional, ya que cerca de la mitad de las provincias cuenta con algún tipo de normativa sobre el uso de celulares en las escuelas.
Precisó que el 45% de las jurisdicciones argentinas ya implementó leyes o regulaciones específicas para ordenar la utilización de estos dispositivos dentro de los establecimientos educativos. No obstante, insistió en que todavía falta evidencia sólida sobre los resultados de esas políticas. «Otra cosa es qué sucede efectivamente y si son efectivas esas prohibiciones», explicó.
Según indicó, las investigaciones disponibles muestran que prohibir los celulares no empeora los resultados educativos, aunque tampoco evidencia mejoras significativas en la mayoría de los casos. «No aparecen empeoramientos de resultados cuando se prohíbe el teléfono», sostuvo.
Y agregó: «Lo que parecía que venía a solucionar todos los problemas no mostró hasta ahora efectos brutales».
Durante su exposición también se refirió al creciente interés que existe desde otras disciplinas, como la neurociencia, por estudiar el impacto del uso temprano de pantallas en el desarrollo infantil. Nistal señaló que diversos investigadores comenzaron a advertir sobre posibles efectos negativos en el desarrollo cerebral de los niños que permanecen expuestos a pantallas desde edades muy tempranas.
«Desde la neurociencia empiezan a verse preocupaciones sobre lo que le pasa al cerebro de un chico cuando está expuesto tempranamente a pantallas», manifestó. No obstante, aclaró que ese campo de investigación todavía se encuentra en desarrollo y que aún no existen respuestas definitivas sobre la magnitud de esos efectos o sobre su posible reversibilidad.
Finalmente, indicó que Argentinos por la Educación continuará analizando este fenómeno y destacó la importancia de seguir generando evidencia científica antes de formular recomendaciones generales. «Es un tema que todavía está abierto y sobre el que seguirán apareciendo nuevos estudios», concluyó.



