La decisión del Gobierno nacional de dar por concluido el Plan Estratégico Vitivinícola (PEVI) y eliminar las contribuciones obligatorias que financiaban a la Corporación Vitivinícola Argentina (COVIAR) parece, más que una simple medida de desregulación, un golpe directo a la línea de flotación de una de las economías regionales más importantes del país. En momentos donde el sector atraviesa una crisis monumental por la pérdida de competitividad, la caída del mercado interno y la presión de los costos, desfinanciar las herramientas de promoción y desarrollo colectivo es un paso hacia la desprotección y el aislamiento de nuestros productores.
Analizar esta medida desde San Rafael nos permite dimensionar el impacto real en el terreno. La vitivinicultura es el motor que sostiene a miles de familias, contratistas, bodegas artesanales y pequeñas empresas en toda la provincia. En un contexto donde el poder adquisitivo se desmorona y los insumos aumentan, quitarle al sector el instrumento que permitía planificar, buscar mercados internacionales y sostener la marca del vino argentino en el mundo implica, lisa y llanamente, abandonar a su suerte a los actores más pequeños de la cadena.
Resulta paradójico que se celebre la eliminación de estos aportes bajo la excusa de bajar costos, cuando las economías regionales están siendo asfixiadas por la falta de rentabilidad y las políticas de ajuste. Lejos de representar una modernización, esta desregulación asimétrica deja a los productores a merced de la especulación y de las grandes corporaciones, eliminando el espíritu asociativo que permitió el crecimiento de la industria en las últimas décadas.
San Rafael, con su rica tradición viñatera, reclama un federalismo económico que proteja a quienes producen y dan trabajo, en lugar de profundizar la desarticulación de sus organizaciones representativas.
Sin un Estado que acompañe y sin herramientas que defiendan la identidad del vino, el libre mercado termina siendo la ley del más fuerte, condenando al abandono a casi todas las economías del interior.







