Un país de “vivos” al que no le va tan bien

Cuánto se ha dicho y analizado respecto a la “viveza criolla”, esa categoría que parece positiva pero que, en realidad, engloba y explica en gran parte nuestros pesares como sociedad. Más allá de perspectivas intelectuales, la mayoría de los analistas coinciden en considerarla como una necedad interesada y suicida del individuo contra la comunidad a la que pertenece y lo sostiene.
Hace tiempo, el escritor Marco Denevi concluía que “el ‘vivo’ se mueve para eludir los efectos del problema o desviarlos contra un tercero. Es inescrupuloso e inmoral, parece inteligente y despierto, pero sólo encandila a la mirada frívola. Jamás resuelve los problemas de fondo”. El “vivo” logra, en realidad, ventajas inmediatas y de corto plazo. La viveza es, concretamente, una inteligencia “de patas cortas”. Claro, la masificación de esas conductas lleva a resultados sociales calamitosos una vez que el humo se disipa. Y es que el daño que causan nuestras acciones individuales es mucho mayor de lo que sospechamos, puesto que al final resulta en un país repleto de “vivos” que actúa contra sí mismo.
Si analizamos nuestras conductas, nuestra inveterada incapacidad para comprender el sentido de la vida comunitaria, nuestro indolente desprecio a las normas, la denostación que hacemos de las instituciones, nuestras sistemáticas contradicciones, las pequeñas y grandes corrupciones, siempre en desmedro de la excelencia, el esfuerzo o el conocimiento, concluiremos en que no hace falta recurrir a complejas teorías para explicar nuestra crítica condición actual.
Decía alguien: “Bienaventurada la nación que no necesita de héroes para mantenerse en pie”. Quizás sea este, entonces, el momento no ya de grandes gestas en los campos de batalla, sino de empeñarnos por hacer las cosas lo mejor posible, en el llano y a cada momento.
Jorge Luís Borges, con su agudeza habitual, sostuvo: “El argentino suele carecer de conducta moral, pero no intelectual; pasar por un inmoral le importa menos que pasar por un zonzo”. Hasta aquí le hemos dado la razón al genial escritor. Parece ser este el tiempo de cambiar y dejar de ser “vivos” para pasar a ser mejores.

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