Un pegamento para corazones rotos

Como suelen decir los cardiólogos, la sutura es la parte más crítica de la cirugía cardiaca y en la que la pericia del especialista resulta más importante. Colocar un parche para reparar algún defecto congénito o coser con mimo un vaso sanguíneo dañado sería mucho más fácil si, en lugar de agujas, los cirujanos pudiesen disponer de un pegamento especial.

Ese sueño está hoy un poco más cerca gracias al material diseñado por especialistas del departamento de Cirugía Cardiaca del Hospital Infantil de Boston (EEUU), que han creado un adhesivo que se activa con luz ultravioleta y que permite pegar tejidos con seguridad, de momento, al menos, en animales.

Aunque hace mucho tiempo que en cardiología (y otras ramas de la medicina) se busca algún tipo de pegamento biológico para reparar tejidos sin necesidad de suturar, todos los intentos hasta ahora han fracasado. Como explica el doctor José Ramón González-Juanatey, presidente de la Sociedad Española de Cardiología (SEC), por tóxicos o por inseguros, los adhesivos que se han ensayado hasta la fecha no han dado los frutos esperados. «En el sistema cardiaco, un material de este tipo tiene que aguantar altas presiones de los tejidos y un movimiento constante, y demostrar que es tan seguro como las suturas, porque si se despegase sería una catástrofe», explica a EL MUNDO.

El adhesivo diseñado por el equipo de Pedro del Nido y Jeffrey Karp -presentado en las páginas de Science Traslational Medicine- cumple estas propiedades en los ensayos con cerdos, aunque como ellos mismos adelantan a este periódico, el producto ha sido ya licenciado a una pequeña compañía biotecnológica que pretende «estudiar su fabricación a gran escala en condiciones de GMP [Good Manufacturing Practice, en inglés] y tenerlo en el mercado en dos o tres años».

El producto (bautizado como HLAA, por las siglas en inglés de adhesivo hidrofóbico activado con luz) es una mezcla de dos componentes químicos, el glicerol y el ácido sebáceo, que combinados logran un producto hidrofóbico, es decir, que funciona incluso en contacto con el agua y otros fluidos, como la sangre. «Otros adhesivos no eran suficientemente fuertes, o eran tóxicos, o los tejidos necesitaban estar secos para que funcionase», expica Karpp. «Nosotros elaboramos una larga lista de criterios de diseño, incluido que los materiales a usar fuesen biodegradables, biocompatibles, elásticos y capaces de funcionar en presencia de sangre». Su inspiración, confiesan en el artículo, se basó en las sustancias viscosas que segregan las babosas y otros gusanos para adherirse a diversas superficies, incluso mojadas.

El resultado es una sustancia viscosa que se puede aplicar en el lugar donde es necesario suturar, penetra en los tejidos y se seca en unos segundos mediante un pequeño rayo de luz ultravioleta. «Al ser un material elástico», añaden los científicos, «puede expandirse y contraerse con los tejidos y no causa inflamación». Además, al contrario que el adhesivo cardiaco más desarrollado hasta la fecha, el llamado cianocrilato, el nuevo superglue no produce calor que destruya el tejido circundante.

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