Durante siete días trabajó en Pereira en búsqueda de desaparecidos, inspección y demolición de estructuras dañadas y asistencia a damnificados. Gabriel Parra relató además una conmovedora tarea para recuperar las cenizas y pertenencias del hijo fallecido de una mujer.
El rescatista sanrafaelino Gabriel Parra regresó de una nueva misión humanitaria internacional, esta vez en Colombia, donde durante 7 días participó en tareas de búsqueda, inspección de edificios afectados, demolición de estructuras y asistencia a personas damnificadas por el terremoto. Integrante de Phoenix Unit Rescue, ya había formado parte de una misión anterior en Venezuela y cuenta con una extensa experiencia en rescate y exploración de ambientes complejos.
Parra tiene 37 años y desde muy joven comenzó a vincularse con este tipo de actividades. “Desde chiquito me metí en grupos de rescate, podríamos decir”, contó a Diario San Rafael y FM Vos (94.5). Actualmente forma parte de Phoenix Unit Rescue, una organización con sede en Mendoza cuyos integrantes provienen de diferentes provincias y entre los que hay bomberos, personal de Protección Civil, enfermeros, médicos y paramédicos.
Su experiencia incluye también la exploración de cuevas y cavernas. Desde hace aproximadamente 6 años participa en un grupo de San Rafael y anteriormente integró otras organizaciones vinculadas con la espeleología. “La mayoría de las expediciones que hacemos de cavernas y cuevas es en zona de difícil acceso, donde no hay señal, donde no hay centros de asistencia, donde no hay prácticamente nada”, explicó.
Entre sus experiencias recordó los simulacros realizados en la Caverna de las Brujas, en Malargüe. En uno de ellos ingresaron a las 9 de la mañana y terminaron a las 5 de la mañana del día siguiente. El ejercicio consistió en simular la descompensación de una persona en el interior y realizar posteriormente su extracción. También participó de expediciones en otra caverna de Malargüe, no habilitada al público y cuyo ingreso requiere autorizaciones. Allí existen lagos subterráneos y sectores de enorme complejidad. Según explicó, a los primeros espejos de agua es posible acceder sin equipos de buceo, mientras que para continuar la exploración se necesita la intervención de buzos especializados en cuevas.
De esa experiencia acumulada en ambientes complejos pasó nuevamente a una situación real de emergencia. La tercera misión de Phoenix Unit Rescue tuvo como destino Colombia. “Nosotros llegamos a Colombia porque somos un grupo de ayuda humanitaria y cuando llegamos nos ponemos a disposición del COE, que es el comando que está a cargo de la situación”, explicó.
El equipo arribó en avión a Medellín y desde allí fue trasladado en colectivo hasta Pereira, ciudad donde se concentraron sus tareas durante 7 días. Uno de los primeros trabajos asignados fue la inspección de un edificio de 5 pisos que había sufrido graves daños.
“Nos mandan a inspeccionar un edificio de 5 pisos que había colapsado, que había un desaparecido en ese complejo y que el edificio estaba poniendo en riesgo a la población porque había quedado inclinado hacia la calle”, recordó. Tras realizar la búsqueda junto con equipos colombianos y confirmar que no había personas en el interior, recibieron la orden de demoler la estructura. Parra explicó que Phoenix Unit Rescue cuenta con integrantes especializados en este tipo de procedimientos y que, una vez asignada la maquinaria necesaria, se realizó una demolición controlada.
“Si hubiera cadáveres, se demuele de una forma más controlada para primero recuperar los cadáveres y después demoler. En este caso, como ya estaba confirmado que no había cadáveres, se procede a la demolición controlada del edificio”, señaló.
Las consecuencias estructurales que observó durante la misión fueron importantes. Parra estimó que existían entre 600 y 800 edificios que debían demolerse y habló de cerca de 300 personas fallecidas y 200 desaparecidas. Se trata de cifras aportadas por el propio rescatista a partir de la situación con la que se encontró durante su estadía. “En Colombia fue mucho el daño edilicio que hubo, estructural. No se cayeron tantos, podríamos decir, no fueron tantas las muertes como en Venezuela que estuvimos, pero el daño estructural fue grandísimo”, sostuvo.

La importancia del control en las construcciones
A partir de lo observado en las estructuras afectadas, Parra hizo especial hincapié en la necesidad de controlar las obras durante todo el proceso constructivo. Además de su actividad como rescatista, trabaja en el rubro de la construcción. “En realidad lo que hace falta en cualquier obra es el control mientras se está construyendo”, afirmó. Para Parra, un cálculo estructural adecuado debe estar acompañado necesariamente por una correcta dirección de obra.
“Yo siempre le aconsejo a los clientes que ellos contraten a un especialista que dirija la obra. Nosotros la construimos, pero ellos la dirigen, ellos aseguran que el diámetro del hierro es el que tiene que ser, la cantidad de cemento. Todo hace que cuando pase algo la edificación quede en pie y no se caiga”, explicó.
Más allá de las estructuras, las búsquedas y las demoliciones, el sanrafaelino destacó especialmente la dimensión humana que adquiere el trabajo después de una catástrofe. En ese contexto relató una de las experiencias que más marcó al grupo durante su permanencia en Pereira. “Yo como soy una de las personas que está a cargo siempre le pido al grupo de rescate que ellos estén atentos a la población porque la población está muy sufrida, ha perdido todo”, señaló.
Mientras trabajaban frente al edificio de 5 pisos, sus compañeros observaron a una joven que permanecía sentada en las inmediaciones. Se llamaba Evelyn y había vivido en esa construcción. Un año antes había perdido a su hijo y sus cenizas permanecían dentro del departamento, junto con otros objetos personales.
“La chica había mandado cremar a su hijo y tenía los restos de su hijo ahí en las cenizas, en el tercer piso. El primero, el segundo y el tercero estaban totalmente compactados y solamente nosotros estábamos parados en la calle y veíamos el cuarto y el quinto caídos para la calle”, relató.
El grupo habló con ella y decidió analizar si existían condiciones para ingresar y recuperar esos elementos. La tarea demandó prácticamente una jornada completa. “Evaluamos la situación, la posibilidad de recuperar las cenizas de su hijo y lo hicimos. Fue una operación que nos llevó todo el día porque fue complejo, pero le entregamos las pertenencias de su hijo, el álbum de fotos, los zapatitos, la ropita, le entregamos todo”, recordó.
Después de aquel operativo, Evelyn continuó cerca del grupo hasta el final de su permanencia en la zona. “Esta chica se quedó hasta el último día con nosotros”, contó Parra. Incluso comenzó a colaborar con los rescatistas y con otras personas afectadas por la tragedia.
Recuperar lo poco que quedó
La asistencia no terminaba en la búsqueda de víctimas. Parra explicó que médicos, paramédicos y psicólogos debían observar permanentemente lo que ocurría alrededor de los lugares de trabajo. “Siempre mandábamos a los médicos, los paramédicos a dar las vueltas a la manzana, como le decimos acá, que fueran asistiendo a quien estuviera y que estuvieran atentos a las caras, a las miradas, a las decepciones porque hay gente que lo ha perdido todo”, expresó.
En muchas ocasiones, los propios damnificados les solicitaban ayuda para recuperar documentos u objetos personales de los edificios afectados. “A nosotros nos pasaba que la gente nos pedía que entráramos a los edificios derrumbados a recuperarles papeles, documentación. Nosotros salíamos con una cajita chiquitita y es como si le hubiéramos dado, no sé, la lotería, algo grandioso para ellos, recuperar sus pertenencias”, relató.
Esos momentos, aseguró, modifican la percepción sobre el valor de las cosas. “Nos pedían fotos, nos abrazaban, nos agradecían y nosotros decíamos: a ver, estamos para servir. Pero ahí te das cuenta que en esas situaciones valorás realmente lo que hay que valorar, porque perdés todo”.
La logística constituye otro aspecto fundamental de estas misiones. Antes de salir de Argentina, Phoenix Unit Rescue establece contactos para disponer de alojamiento, alimentación, agua y transporte, de manera que sus integrantes puedan ponerse a trabajar inmediatamente después de arribar.
En Colombia, sin embargo, ocurrió algo inesperado. Mientras estaban en Medellín conocieron a Jonathan, un hombre que se interesó por la tarea que iban a realizar y terminó facilitándoles un colectivo con chofer durante los días que permanecieron en Pereira. El vehículo quedaba disponible para responder rápidamente ante cualquier emergencia.
A través de ese contacto también supieron que el cantante colombiano Johnny Rivera puso un hotel a disposición de rescatistas y colaboradores. Finalmente, el grupo se alojó allí durante la misión.
“Yo te digo, nosotros no estamos acostumbrados a los lujos ni siquiera lo buscamos porque no es parte de nuestra esencia”, expresó Parra, quien comparó esa experiencia con la misión anterior en Venezuela, cuando los rescatistas descansaban en carpas dentro de un camping. “Yo le agradezco a Rivera, porque descansamos demasiado bien”, señaló.
Después de 7 días de trabajo, Parra regresó a San Rafael con una nueva experiencia en emergencias internacionales. Una misión que combinó búsqueda, evaluación de estructuras, demolición y asistencia humanitaria, pero que también dejó escenas mucho más pequeñas frente a la magnitud de una catástrofe: recuperar una caja con documentos, rescatar fotografías o devolverle a una madre las cenizas y pertenencias de su hijo.


